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Marcelo Torres Cofiño
Marcelo Torres Cofiño
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Marcelo Torres Cofiño es miembro del Partido Acción Nacional desde 2006, fue Diputado Federal del Estado de Coahuila en la LXII Legislatura. Fue Presidente del Partido Acción Nacional y actualmente es Diputado Local, coordinador del grupo parlamentario del PAN y Presidente de la Junta de Gobierno en la LXI Legislatura del Congreso del Estado de Coahuila.

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27 Septiembre 2020 04:00:00
Sustentabilidad y sostenibilidad futuras
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Las últimas semanas hemos estado conversando sobre la necesidad de un proyecto de nación incluyente que trascienda las voluntades individuales y nos permita construir juntos el México que sí queremos. Dicho proyecto, lanzado de cara al 2050, debe ser capaz de generar condiciones de prosperidad para todos al ser conducido por cuatro grandes ejes rectores en los que, independientemente de nuestras convicciones, podamos coincidir y que son: 1) reducción de las desigualdades; 2) desconcentración del poder; 3) educación para la democracia y; 4) sustentabilidad y sostenibilidad futuras.

Toca, en esta última entrega dedicada a ese proyecto, abordar el último eje, el cual, en principio, indica la necesidad de que, cuales sean nuestras mejores decisiones, las podamos sostener en el largo plazo, para aspirar a que los resultados sean generalizados y duraderos. Para lograrlo necesitamos comenzar por cuidar lo más básico: el medio ambiente.

No podemos prosperar de manera constante y permanente si no es cuidando al planeta. Son múltiples los ejemplos que la historia nos ha dado, de civilizaciones completas que florecieron; pero, por su pobre conciencia ecológica, terminaron por destruir a su medio acabando consigo mismas. No podemos permitir que algo así nos suceda. Necesitamos garantizar la viabilidad futura de nuestra nación y ésta inicia con los dones que la naturaleza nos ha obsequiado.

Sin embargo, no basta con simplemente conservar lo que nos queda. Es fundamental impulsar un esfuerzo extraordinario por recuperar lo perdido, aunque sea de manera parcial. Esas miles de hectáreas de bosques que ya no están; esos ríos y lagos que han sido dañados, necesitan recibir una atención especial que incluya recursos de todo tipo; pero que, además, sean reflejo del amor que estamos dispuestos a darle a nuestra tierra.

Está más que probado que la devastación ecológica trae también pobreza, injusticias y desigualdades. Recuperar lo perdido para darle sostenibilidad a nuestro proyecto es también una vía para incluir a aquellos que no han sido considerados bajo los modelos de desarrollo vigentes. Algo similar ocurre con aquellas actividades que deberán ser sustituidas por el daño que evidentemente ocasionan a la naturaleza, como sucede con el carbón en el caso de Coahuila.

Nuestro proyecto aspira a que en tres décadas esas actividades hayan desaparecido por completo, pero no como un perjuicio a quienes actualmente basan su economía en ellas, sino todo lo contrario. Su situación de prosperidad debe estar estrechamente vinculada al surgimiento y consolidación de nuevas actividades, más amigables con el medio y mucho más rentables. La ganancia no sólo debe ser la monetaria, sino también aquella que se recibe porque las capacidades humanas son puestas en juego de manera más decidida y retadora.

El eje de nuestro proyecto debe ser precisamente ese. Si basamos el futuro en los programas asistenciales, millones de mexicanos perderán la oportunidad de desplegar su potencial. México necesita con urgencia, no de un mesías que crea que puede purificarlo todo; sino de que cada individuo pueda poner su energía creadora y productiva al servicio del país. ¿Se suman? Entonces, ¡que nuestro diálogo no se detenga!
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