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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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15 Noviembre 2019 04:05:00
Inservibles las Mañaneras
Mal y de malas ha estado el Presidente en últimas fechas en sus conferencias mañaneras, y esto ha sido desde el fallido intento de detención de los hijos del “Chapo” Guzmán, fecha desde la cual sus conferencias se han convertido para él en una auténtica pesadilla, al punto de mostrarse intolerante y hasta soberbio, principalmente con quienes no están en el círculo de sus periodistas aduladores.

Después de eso y por si lo anterior hubiera sido poca cosa, vinieron los hechos relacionados con el ataque a la familia LeBarón en el norte de nuestro país, situación que trajo inevitablemente un severo rompimiento con algunos medios de comunicación nacionales e internacionales.

Y es que aunque muchos no lo quieran ver, la desesperación del Presidente en sus conferencias mañaneras no obedece a otra cosa más que a la falta de respuestas respecto a las políticas y estrategias de seguridad nacional, las cuales están perdiendo la batalla contra la delincuencia.

Entonces, es evidente que con estos dos sucesos y la respuesta errónea del Gobierno federal en ambas circunstancias, a López Obrador no le está quedando de otra más que terminar de manera definitiva con su simpática narrativa promovida desde su campaña, y que se refería a una innovadora manera de enfrentar a la delincuencia consistente en una política más humanista contra los delincuentes, una estrategia basada principalmente en la prevención con posturas de mano tendida frente al asesino, de “abrazos no balazos” y hasta el de becarios no sicarios, la cual nada ha servido en este nuestro México real.

Así pues y con estos dos eventos se detonó un verdadero choque por parte del Presidente con los medios de comunicación, al punto de que en días pasados en la mañanera se apersonaron representantes de la organización europea Artículo 19, los cuales no dudaron en increpar al Mandatario con el supuesto fin de arrancarle el compromiso de hacerlo respetar en adelante, a los periodistas de nuestra nación, a los cuales ha llamado “fifís, conservadores y hasta perros”. El Presidente ante tal acusación negó terminantemente el señalamiento, pero acabó criticando y desestimando como siempre, la labor de dichos activistas.

Con todo lo anterior, se hace evidente que en las mañaneras el presidente Andrés Manuel ya no tiene la última palabra, y que aunque se resista en creerlo, ha perdido el control de la narrativa, respecto a los temas que quiere abordar en sus conferencias –las cuales tenían desde el principio sus días contados– y como no, si al Presidente no se le quita de la mente la idea de sentirse el dueño de la verdad absoluta y de ser el único capaz de poner fin a cualquier debate por complejo que pareciera, lo que terminó por cobrarle la factura.

Sin duda, el fin de las conferencias mañaneras está cercano. Han cumplido a cabalidad su cometido, esto si aceptamos que nunca estuvieron diseñadas para comunicar absolutamente nada importante y que solo han sido el instrumento de promoción del Gobierno federal, lo que vino desgastando día a día su formato al punto de no servir ahora ni para eso.

Inevitablemente, aquí se cumplió lo que dice el viejo adagio: “Todo por servir se acaba”, y en este caso las mañaneras acabaron por no servir.
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