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[Arte]

En el Cerdo de Babel: Estigmas de la infancia

La pintora Daniela Elidett explora el empoderamiento social de los niños y la experimentación formal en su trabajo

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En el Cerdo de Babel: Estigmas de la infancia
Saltillo, Coah.- Al entrar a la Taberna El Cerdo de Babel una serie de miradas perdidas, y vacías, pero poderosas, atraviesan al visitante. Los ojos que las poseen están encajados en rostros redondos e infantiles; sus cabellos, muchas veces enredados, les dan un aire de haber salido recién de una pelea o hubieran jugado entre los vientos de un huracán.

Esos niños que cuelgan en las paredes del bar, son creaciones de Daniela Elidett, quien conformó esta serie llamada Malcriados como un cierre a Autómatas, serie de pinturas que hizo hace seis años. Ambas muestras son un acercamiento a la infancia y la niñez: sus problemas y sus placeres.

Con esta serie –la primera parte de Bidireccional, exposición dual que cubre la planta inferior y superior del restaurant–, Elidett buscó dar un cierre a esa relación con los pequeños seres que, al óleo y al pastel, habitan sus cuadros y miran a los párrocos del sitio.

Tanto Autómatas como Malcriados se originaron en una motivación personal: el amor a los niños. Según explicó la autora, estuvo “viendo muchos reportajes sobre cómo se les discrimina: hay hoteles en los que no son bienvenidos, muchos cines tampoco los dejan entrar, pero sí puedes ir con tu mascota. Ahora hay una moda muy fuerte de no quererlos, y está bien la decisión de tener o no tener niños, pero cuando están hay que darles la mejor calidad de vida.

“Traemos a los niños a ser personas y los construimos en una sociedad que no es ni natural ni instintiva para ellos, aprenden lo que les enseñaremos y lo que les vamos a inculcar; para ellos vivir es algo nuevo. Son niños y tienen que jugar, brincar, reír y hacer sus rabietas. El título de Malcriados es un sarcasmo que nos lleva a reflexionar sobre nosotros mismos, como adultos”, apuntó Elidett a Zócalo.


Educado o corrupto
Los retratos que la licenciada en Artes Visuales expone, recrean caras fuertes y miradas con filo, son las pupilas de estos niños los que demuestran su valor en las tierra que pisan y en la que están destinados a crecer, “son niños empoderados. En estos tiempos vemos que hay mujeres empoderadas y lucha por los derechos animales, pero muy pocas veces volteamos a ver a los más pequeños. Yo quiero que se muestren niños siendo niños, con sus derechos a jugar, a opinar, a negarse a todo eso. Niños de verdad”.

Para Elidett los niños no tienen que cargar con el futuro de la sociedad sobre sus pequeños hombros ya que según explicó, ni siquiera los adultos saben cómo llevar ese tiempo, no saben avanzar sin tropezarse, así que un infante con sus juegos y despistes no debería hacerlo.

La exposición aborda también el tema de la sociedad y la construcción en el niño, las pinturas de la saltillense remiten a la dicotomía entre los filósofos Jean-Jeacques Rousseau, y Thomas Hobbes, en la que el primero sostenía que “el hombre es bueno por naturaleza, la sociedad lo corrompe”, y el segundo sentenciaba que “el hombre es malo por naturaleza” y que por eso necesita una sociedad que le ayude a ser funcional.

“Esas temáticas tienen que ver más con los Autómatas en la que reflexioné sobre la idea de si, cuando un niño llega a la sociedad, estamos educándolos o corrompiéndolos. Creo que lo que sí me planteo aquí es la desaparición del instinto. Ahora estamos tan educados por libros y el internet, que hemos perdido esa emoción de lo que es instintivo, también perdimos esa comunicación, nos volvimos personas frías. Para mí es importante observar a los niños desde chiquitos en su estado más puro y, a partir de ahí, ver si se corrompen o se educan al pasar los años”, detalló.

Juego infantil
Para Elidett la pintura es, también, una forma de ponerse en contacto con su niña interior. Su proceso creativo, explicó, es variado: pensar en mil cosas a la vez y hacerlas al momento o perderá el interés en ellas. Cuando toma los colores entre sus manos se convierte en una infante y, la tela, su patio de juegos. Uno en el qué divertirse ha pasado a ser lo principal, buscar aquello que la llene y la aleje de un realismo que ha pasado a resultar frío, como lo demuestra en la segunda parte de Bidireccional.

En esas pinturas la exploración de nuevos materiales y soportes es lo principal: fotografías intervenidas, abstracciones y demás existen en la nueva etapa de su pintura, una que definió como “estar perdida pero segura”, quizá como aquella Gretel que deja migas para encontrar el camino de regreso.

“Hay veces que haces una cosa y la repites y termina por aburrirte, ya no te dice nada: haces los mismos ojos y la misma boca una y otra vez. A mí terminó por aburrirme el realismo purista del que he tratado de desapegarme, porque ya sé que las cosas me salen bien, y puedo decir ‘hay qué bonita me salió, sí se parece’. Pero llegué a un punto en el que eso ya no expresa lo que quiero. Soy muy sentimental y todo lo hago desde el corazón, por eso me nació con esas cosas de experimentar”, concluyó Elidett. sobre Bidereccional que estará montada hasta el noviembre en El Cerdo de Babel.


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