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Guillermo Robles Ramírez
Guillermo Robles Ramírez
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Licenciado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna, Posgrado el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Monterrey, Director General de la Agencia de Noticias SIP, Premio Estatal de Periodismo en el 2011 y 2013 en la categoría Columna de Opinión, reconocimiento de labor periodística de la Unión de Periodistas del Estado de Coahuila, Presea Trayectoria "Antonio Estrada Salazar" 2018

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22 Julio 2019 04:00:00
La feria ya no es como la de antes
Hace pocos días una persona me preguntó si sabía leer la mente a lo cual le respondí que sí. Pero al no especificar obviamente mi respuesta fue afirmativa pues solo puedo hacerlo con la mía.

Es algo curioso que la mente es tan poderosa que con solo recuerdos puedas sentir alegría, tristeza e incluso recordar olores y todo esto sin tener algo frente a ti, es decir, con solo cerrar los ojos es suficiente.

Y es así como yo puedo recordar la feria de cuando era niño y todavía mis primeros años de adolescencia. Con solo cerrar los ojos me trae el recuerdo del olor de nubes de algodón de azúcar, las manzanas de caramelo, y los churros con cajeta.

También el ruido de los juegos siendo el Gusano Loco, uno de mis favoritos, El Pulpo, Los Caballitos, El Látigo, y no podía faltar Los Carros Chocones entre otros juegos menos sofisticados pero muy divertidos como Los Pescaditos, o esos juegos con canicas con el tablero. Todo esto con un simple cerrar de ojos.

Y es que los mexicanos estamos llenos de muchas costumbres tan antiguas y arraigadas que muchas de ellas vienen desde antes de la colonización de nuestro país.

Tradiciones que con el tiempo se ha ido fusionando con algunas otras, pero nunca ha dominado una costumbre extranjera con nuestras raíces, siendo este nuestro sello que nos distingue sobre cualquier otra que le pongan enfrente.

Tenemos iconos de nuestras tradiciones que con solo verlos nos identifican sabiendo que nos pertenecen como son los mariachis, el tequila, el jalapeño, el nopal, el sombrero charro, etc., entre otros más, pero en donde quiera que los vean saben que se está hablando de México.

Las fiestas celebradas en nuestro país como la tradicional Semana Santa, La Virgen de Guadalupe, aquellas de los santos patronos de las diferentes iglesias de la república mexicana.

También están las fiestas patrias, e incluso aquella que llama la atención a nivel mundial porque somos el único país que le dedica a sus muertos, una fiesta celebrado el día dos de noviembre, el Día de los Muertos.

Por tradición, la feria ha sido la fiesta más popular de cualquier pueblo. Desde hace ya generaciones en casi, por no decir todas las ciudades más importantes de México, una vez al año se realizan.

Primero fueron simples mercados en donde la gente del campo llevaba sus verduras y legumbres, sus frutas, gallinas, cabritos y otros animales y los exponía para que los visitantes escogieran y compraran.

Se instalaba uno que otro puesto de comida y ahí, los concurrentes disfrutaban de sabrosos platillos regionales. Las conocidas enchiladas, las “garnachas” ahora conocidas pomposamente como sopes, los huaraches, las flautitas de papas con chorizo y otros innumerables antojitos mexicanos. La bebida, el siempre tradicional champurrado, atole, aguas frescas y uno que otro tinaco de barro con tepache, aguamiel y pulque.

En sus orillas, el carrusel de caballitos, las sillas voladoras, el trenecito y otros aparatos mecánicos más, que divertían a los chiquitines. Eran indudablemente fiestas pueblerinas y familiares. Los algodones de dulce y las rojas manzanas acarameladas, eran parte de la diversión y del deleite de los niños y jovencitos de ambos sexos.

Tiempos de nostalgias para quienes vivimos el concepto de una feria que cumplía su propósito, es decir, para la gente familiar. Esto no implica que los viejos tiempos fueron mejores, porque todos los tiempos son buenos y mejores, nada más es cuestión de gusto y criterio de autoridades, porque ahora las ferias, al menos las de Coahuila, son vicio, sexo y robo. El recato, la decencia y la buena diversión familiar quedaron en el pasado.

Ese es un hecho y si no, analicemos una por una de nuestras ferias que se instalan en nuestra entidad. Todo un sello de lo que representa, es decir, la embriaguez etílica, las ilegales apuestas y la prostitución, siendo ésta el mismo molde para los 38 municipios en donde es en estas fechas cuando se instalan en Coahuila.

En algunas cabeceras municipales se encuentran en estos momentos como es el caso de la capital de Coahuila, pero en otros se aproximan sus fechas durante los meses de agosto y septiembre

Y la gente ya sabe lo que se espera de las ferias de Coahuila porque para los directivos de los patronatos concesionarios de las ferias lo importante es que ingrese más dinero para hacer “obras nobles”, aunque esas monedas procedan del vicio, la prostitución y de lo peor.

Las ferias, para sus organizadores y directivos están a disposición del mejor postor para que se les permita la impunidad dentro de las instalaciones de las ferias y sus vicios.

Es por eso que las cervecerías, principalmente no tienen empacho en ahogar a la juventud en puro alcohol. Siendo este el ingreso principal que promueve a la mesa directiva, así como sus afiliaciones u organismos comercializar las ferias anteponiendo la sana diversión por el vicio sin importar que nuestro pueblo se envicie perjudicando la salud, embriagando al pueblo. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018) http://www.intersip.org
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