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Rodolfo Villarreal Ríos
Rodolfo Villarreal Ríos
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Doctor y Maestro en Historia por la Universidad de Montana-Missoula. Maestro en Economía por la Universidad de Colorado-Boulder. Diplomado en Economía e Inglés por “The Economics Institute,” Universidad de Colorado-Boulder. Licenciado en Economía por la Universidad Autónoma de Guadalajara. En la Universidad de Montana-Missoula ha impartido cursos sobre los tópicos de las relaciones entre México y los Estados Unidos de América, así como las desarrolladas entre el Estado Mexicano y la Iglesia Católica. Durante más de dos décadas prestó sus servicios al Estado Mexicano en el rango de auxiliar de programación a director general en funciones. Durante la segunda mitad de los 1980s, inició sus colaboraciones en el Suplemento de Política Económica de la Revista Tiempo y en los diarios El Nacional de la Ciudad de México y Zócalo de Piedras Negras, Coahuila. De noviembre de 2003 a la fecha es colaborador de Zócalo, además de Nuevo Día de Nogales, Sonora y los diarios electrónicos eldiariodetaxco.com, guerrerohabla.com, (Taxco, Guerrero); diariodeacapulco.com (Acapulco, Guerrero); todotexcoco.com (Texcoco, Estado de México) y diarionacional.mx (Ecatepec, Estado de México). En dichas publicaciones ha elaborado alrededor de 900 artículos editoriales sobre historia, economía, anécdotas vivenciales, deportes, tauromaquia, política y relaciones internacionales. Asimismo, es coautor de tres artículos publicados en las revistas de investigación científica, Lancet, Environmental Research y Journal of Alzheimer's Disease, Es autor de dos libros: “Las Conferencias de Bucareli. Un acto pragmático de la diplomacia mexicana.” (2018) y “El Senado estadunidense enjuicia a México y al presidente Carranza,” (2017), editados por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM).

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17 Octubre 2020 04:00:00
Aquel otoño de 1962
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El tópico que abordaremos en esta ocasión no necesariamente es el que podrá parecerle al inicio de la narrativa. Todo sucedió en aquel otoño de 1962 cuando muchas cosas pudieron haber cambiado para la humanidad en general y para otros más en lo particular. Para recordar cómo se vivió aquello hay que cargar en las alforjas un buen numero de años. Un chamaco de entonces, con perspectiva analítica limitada, percibió lo que podía suceder, pero sin alcanzar a comprender la magnitud del evento, todo lo reducía a su entorno particular. Antes de proceder al asunto central, revisemos el entorno de aquel microcosmos.
Como cada octubre en aquel pueblo fronterizo a una gran parte de la población lo único que le importaba, para distraerse de su trajín diario, era buscar en donde ver los partidos de la serie mundial de béisbol.

Quienes tenían la fortuna de contar con un televisor en casa, y disponían de tiempo, se apoltronaban frente al mismo y disfrutaban de cada partido. Cuando se carecía de aparato receptor, no eran pocos quienes iban a pararse a las afueras de aquella tienda de artículos deportivos en donde se colocaba un monitor frente a sus ventanales para que el público no se perdiera el evento. Trascurría el décimo mes del año y, el de 1962, no era diferente a los previos, al menos en apariencia. Poca atención se ponía a lo que estaba sucediendo más allá del Yankee Stadium y el Candlestick Park en donde los Yankees de New York y los Gigantes de San Francisco, se disputaban la serie mundial. Entre el jueves 4 y el martes 16 de octubre, al menos en aquel pueblo, las voces que más se escuchaban eran las de Eloy “Buck” Canel y Rafael “Felo” Ramírez quienes, a través de la llamada Cabalgata Deportiva Gillette, narraban por la radio los partidos, mientras que en el televisor se observaban las imágenes con el volumen apagado. Entre los televidentes-radioescuchas, se encontraba un chamaco aficionado beisbolero que no se perdía partido alguno. Si bien, el día 16, le emocionó ver, como se coronó su equipo favorito, los Yankees, había algo que lo inquietaba al haberlo leído en la prensa, que diariamente revisaba.

El motivo de aquello era que las tensiones entre los Estados Unidos y Rusia crecían. El punto central del conflicto se situaba en Cuba en donde Fidel Castro Ruz había decidido que en lugar de ser colonia estadounidense habría de convertirse en una soviética. No vamos a entrar en detalles sobre los resultados de esta decisión, todos lo sabemos. El chamaco de entonces tenia una noción no del todo clara sobre quien era Castro pues en alguna ocasión escuchó alguno de sus discursos incendiarios, denostando a los estadounidenses, transmitidos por la radio través de una estación de onda corta, una banda en donde, también, era posible escuchar a la hermana del líder cubano, Juana, despotricar en contra de su consanguíneo.

El infante de entonces se quedaba corto en el análisis al carecer de parámetros. Años después amplió su perspectiva sobre el acontecimiento, pero no fue sino hasta que se puso a estudiar la historia cuando comprendió la gravedad de lo que pudo haber sucedido. Pero, salvo un recuerdo desagradable de la inquina con que una persona de su segundo círculo familiar le restregaba lo que podía suceder respecto a la crisis de los misiles, el chamaco pueblerino, al igual que la gran mayoría de los mexicanos vivía el espejismo de la admiración hacia el presidente estadounidense, John Fitzgerald Kennedy, quien acompañado por su esposa Jacqueline Lee Bouvier, visitara, entre el 29 de junio y el 1 de julio de 1962, México. Aquí, fue recibido por el PRESIDENTE DON ADOLFO LÓPEZ MATEOS (editor, por favor, mantenga las mayúsculas), Debemos de apuntar que, con el correr del tiempo, cuando el chamaco de antes ya peinaba canas, al ponerse a estudiar la elección y la presidencia de Kennedy, terminó por hacer a un lado cualquier admiración, proveniente de los años infantiles, hacia el personaje, aun cuando no por ello dejó de reconocer su actuar impecable en lo que les vamos a narrar.

En ese proceso de aprendizaje, encontró un libro escrito por uno de los actores estadounidenses quien vivió desde adentro el conflicto mencionado en el párrafo anterior. El título del volumen es “Thirteen Days: A Memoir of the Cuban Missile Crisis,” publicado en 1969, un año después de la muerte de su autor, Robert Fitzgerald Kennedy (RFK).

En este libro, RFK provee al lector con una versión de primera mano sobre lo que ocurrió durante trece días, entre el 16 y el 29 de octubre de 1962. Durante ese periodo, la humanidad estuvo a punto de retornar a la edad de piedra. El 16 de octubre, sin embargo, la mayoría de los estadounidenses, y los habitantes de aquel pueblo fronterizo, estaban enfocados en ver que sucedía durante el séptimo juego de la Serie Mundial efectuado en el Candlestick Park en donde los Yankees de Mantle, Berra, Maris, Howard, Boyer, Ford y otros, apoyados en el pitcheo de Ralph Terry, blanqueaban 1-0 a los Gigantes de Mays, McCovey, Marichal, Cepeda, los Alou y varios más. Lejos estaban los aficionados beisboleros de imaginarse las noticias que llegaban a Washington. Ese día, el presidente Kennedy se enteró de que, a pesar de lo que el primer ministro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Nikita Sergeyevich Jruschov conocido como Nikita Khrushchev, le dijera al respecto, “Rusia estaba colocando misiles y armas atómicas en Cuba.” Era el inicio de la llamada Crisis Cubana, la cual habría de representar uno de los momentos de mayor brillantez en la diplomacia estadounidense.

Ante eso, el presidente Kennedy convocó a una reunión con los miembros de su gabinete relacionados con asuntos militares, de inteligencia y de diplomacia. Tras de una discusión larga, se concluyó que había dos alternativas. Una era optar por la vía militar e instrumentar un ataque a Cuba; la otra alternativa era implantar un bloqueo a todos los buques soviéticos que trataran de llegar a la isla caribeña. Una de esas dos opciones tendría que escoger el presidente pues al final de él era la decisión.

No obstante, lo tenso de la situación, el ejercicio de la diplomacia nunca se dejó a un lado. El 17 de octubre, el ministro soviético del exterior, Andrei Andreyevich Gromyko, viajó a los EUA para entrevistarse con el presidente Kennedy. Durante la reunión, Gromyko negó cualquier acción masiva de tipo militar en territorio cubano, mientras aseguraba que “la única ayuda que se estaba proporcionando a Cuba era en forma de apoyos para el desarrollo agrícola y de zonas aptas para tal fin, con lo cual seria factible que la población cubana pudiera cultivar algunos productos para el autoconsumo, además de proporcionarles algunas armas para uso personal.” En igual forma, Gromyko solicitó reducir las tensiones con Cuba.

Tras de escuchar aquello, el presidente Kennedy hubo de reprimirse y no mostrar el enojo por lo que consideraba era una tomada de pelo. Una vez que la ira pasó, evaluó la situación y optó por la opción segunda, el bloqueo. Para ello, se aseguró de darle todo el formato legal que la situación demandaba. En el terreno internacional, solicitó una reunión urgente de los países miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en el seno de la cual hizo el planteamiento sobre las acciones que planteaba ejecutar.

Unánimemente, las naciones votaron a favor de la propuesta. Asimismo, obtuvo el aval de los lideres de Alemania, Francia y Gran Bretaña, a la vez que se definía cual sería el papel que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tendría durante el bloqueo. Aunado a todo esto, Kennedy hubo de cubrir lo relacionado con el terreno domestico en donde explicó su plan a los miembros de su gabinete, además de que hubo de convencer a los miembros del Congreso que la suya era la mejor opción ya que varios miembros de ese órgano legislativo eran partidarios de la acción militar inmediata. Esta no fue descartada del todo, se tuvo presente el consejo que en el pasado emitiera el presidente Theodore Roosevelt (1901-1909) quien decía que la palabra siempre debería estar acompañada por un garrote, por si lo primero no surtía efecto. En ese contexto, se pusieron en alerta máxima los sitios con los misiles; la Marina posicionó 180 embarcaciones en el área del Caribe y el Comando Estratégico Aéreo fue ubicado a lo largo de los puertos aéreos civiles en todo el país.

Una vez que todo esto estuvo listo, la noche del lunes 22 de octubre, Kennedy salió a dar la cara a la nación para informarle sobre lo que sucedía y en qué forma habría de actuarse. El chamaco de entonces no vio el mensaje, pero a la mañana siguiente, antes de irse a la escuela, revisó el encabezado del diario local con la noticia. De pasada alcanzó a ver lo que ahora les reproducimos textualmente: “Las características de estos nuevos emplazamientos de misiles indican dos tipos distintos de instalaciones. Varios de ellos incluyen misiles balísticos de alcance medio, capaces de transportar una ojiva nuclear a una distancia de más de 1.000 millas náuticas.

Cada uno de estos misiles, en definitiva, es capaz de impactar en Washington, D. C., el Canal de Panamá, Cabo Cañaveral, Ciudad de México, o cualquier otra ciudad en el sureste de los Estados Unidos, en Centroamérica o en la zona del Caribe. Los sitios adicionales que aún no se han terminado de instalar parecen estar diseñados para misiles balísticos de alcance intermedio, capaces de viajar a una distancia de más del doble, y por lo tanto son capaces de atacar a la mayoría de las ciudades más importantes del hemisferio occidental, llegando tan al norte como a la Bahía de Hudson, Canadá y tan al sur como hasta Lima, Perú. Además, los bombarderos a reacción, capaces de transportar armas nucleares, se están desempacando y montando en Cuba, mientras se preparan las bases aéreas necesarias.” En otras palabras, si no se actuaba inteligentemente acabaríamos, si bien nos iba, en la Tercera Guerra Mundial y nadie nos aseguraba que viviéramos para narrarla.

Los ánimos en ambos bandos estaban, como dijera aquel cronista boxístico del ayer, “al rojo blanco.” No obstante, la comunicación diaria entre el presidente estadounidense y el premier soviético nunca se perdió. Después de obtener la aprobación de la OEA, mencionada arriba, Kennedy envió una carta a Khrushchev solicitándole observar la cuarentena legalmente establecida y expresando su preocupación de que alguna de las partes no cumpliera con lo establecido y se cometiera un error que desataría la guerra. El 23 de octubre, RFK se entrevistó con el embajador soviético en los EUA, Anatoly Fyodorovich Dobrynin, ocupó ese cargo de 1962 a 1986, quien enfáticamente negó la existencia de misiles en Cuba. Esta era una mentira que los soviéticos venían sosteniendo desde tiempo atrás.

En las primeras cartas que intercambiaron los líderes, la animadversión era evidente. Khrushchev acusaba a Kennedy de amenazarlo con implantar un bloqueo en contra de la Unión Soviética. El presidente, por su parte, respondía que a principios de septiembre él, Khrushchev, le aseguró que no había misiles en Cuba. Durante el trascurso de la crisis, el embajador de los EUA ante la ONU, Adlai Stevenson, mostró varias veces fotos de los sitios en donde se ubicaban los misiles en Cuba. Exhibiendo en esa forma que los embajadores rusos ante ambas instancias mentían al negar la existencia de estos.

El 25 de octubre, el presidente le envió una misiva a Khrushchev instándolo a “reconocer abiertamente que fue usted, ‘Mr. Chairman,’ quien lanzó el primer reto en este caso, y que a la luz de las acciones desarrolladas por ustedes en Cuba fue requerido responder en la forma en que lo he hecho… Espero que su gobierno proceda de una manera tal que permita retornar al estado de cosas que prevalecía previamente a esta situación…” Pero dado que la palabra no debe ir sola, sino acompañada de acciones, tras de cada una de las cartas se realizaban actos que mostraban la determinación de los EUA de que, en caso de que la diplomacia fallase, el país estaba listo para tomar la vía militar, incluyendo la ocupación de Cuba.

En ese trajín de intercambio epistolar diario, el día 26 llegó un comunicado de Khrushchev mencionando que no había ninguna razón para que el bloqueo siguiera, todos los envíos de armas ya se encontraban en suelo cubano. Los soviéticos, se comprometían a no enviar mas armamento y el existente sería destruido o removido si los EUA levantaba el bloqueo y se comprometía a no invadir Cuba. Cuando parecía verse la luz al final del túnel, al día siguiente se suscitan dos eventos que casi dan al traste con todos los avances en las negociaciones. Un avión U-2 que sobrevolaba en cielo cubano fue derribado. Asimismo, ese día, arriba una carta del premier ruso quien en términos poco diplomáticos, demandaba que los EUA removiera inmediatamente los misiles que tenía colocados en Turquía. El futuro de la humanidad estaba a la orilla del precipicio, una reacción visceral y el regreso al paleolítico estaba asegurado. Afortunadamente, el raciocinio prevaleció y, tras de que Kennedy evaluó la situación, optó por dar respuesta a la misiva del día 26 e ignorar la del 27. Estuvo de acuerdo con los términos escritos en la del primer día, mientras enfatizaba el papel que la ONU jugaría para que se cumplieran. Finalmente, el día 28, la réplica de Khrushchev arribó.

Estuvo conforme con desmantelar y sacar los misiles de Cuba, enfatizando que ello habría de realizarse bajo una supervisión e inspección muy rigurosa. Los EUA aceptaron no invadir Cuba, promesa que, al parecer siguió vigente por los siglos de los siglos. Por lo que respecta a los misiles en Turquía, considerados por los estadounidenses como obsoletos, no formaron parte del acuerdo final, pero cinco meses después al fin de la crisis fueron retirados de manera silenciosa. La crisis fue resuelta y al final el gran perdedor fue el pueblo cubano el cual sigue esperando el acceso al paraíso que les prometió Fidel Castro Ruz cuando hizo la revolución.

En esta pieza de la historia es importante resaltar como Kennedy, siempre, mantuvo el control de las operaciones militares. Actuó de manera disciplinada y tomando las decisiones una a la vez en función de las circunstancias. Siempre mantuvo abierta la posibilidad de utilizar la vía militar, pero controlando las negociaciones. Mostró el poderío militar estadounidense, pero sin tratar de humillar a los soviéticos, o a Khrushchev, a pesar de que en ellos no siempre prevaleció la sinceridad. Kennedy fue capaz de convencer a Khrushchev de que para los EUA era más importante sacar los misiles de Cuba que para la URSS que esas armas estuvieran ahí. Otro elemento muy importante es el hecho de que las negociaciones pudieron mantenerse en el ámbito de lo privado. En situaciones como esta no es posible hacer público cada paso que se da en ellas; esto puede llevar a una conclusión desastrosa y en este caso de haberse suscitado tropezones o caídas, no estaríamos aquí comentando, ni leyendo al respecto. Sí, la humanidad estuvo al punto de quiebre, para el chamaco de aquel otoño de 1962 hubo un evento familiar que pudo haber determinado un rumbo totalmente distinto en su vida, pero esa es una historia de otro tenor…vimarisch53@hotmail.com

Añadido (1) Detrás de todo hay un mensaje que es una carambola de tres bandas para el pasado, el presente y el futuro.

Añadido (2) Mañana, domingo 18, los habitantes de Coahuila e Hidalgo serán sometidos a un examen neurológico. Ya veremos que nos muestran los resultados de la tomografía.

Añadido (3) El mismo día en que se despedía uno de los Yankees de prosapia, Edward Charles “Whitey” Ford, los sobre pagados de ahora daban un espectáculo lastimoso al mostrar que no son sino productos de plástico y aire.

Añadido (4) Si están tan indignados con los decires de la senadora Téllez García, nada como refutarla con datos duros y asunto concluido.

Añadido (5) Después de acabar con las demandas para que España y la iglesia católica ofrezcan disculpas, nos surgen varias preguntas: ¿Seguirá una exigencia similar con EUA, Francia, Austria e Inglaterra? ¿A quién se le va a solicitar que, en nombre de los mexicas, ofrezca perdón por el robo cultural al que sometieron a los toltecas y las atrocidades que cometían con las otras etnias de donde se abastecían para efectuar los sacrificios humanos? Asimismo, en el caso de cada uno de nosotros ¿Cómo se podrá determinar cuáles genes van a ofrecer disculpas a los otros por lo que hayan realizado sus antepasados de un lado en perjuicio de los otros?
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