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Dalia Reyes
Dalia Reyes
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14 Marzo 2019 04:00:00
Fácil pérdida
Perderse una mujer en cada esquina es la cosa más sencilla que alguien, del sexo femenino, puede realizar al menos una vez durante su vida. Hay quienes lo hacen a cada rato y muchas otras de vez en cuando; la historia y la sociedad se han encargado de recordárnoslo.

Mi primera clase de orientación vocacional la tuve a los 14 años. Fue una tarde, cuando una mujer, familiar cercano, estaba sentada junto a mí en sendas sillas sobre la banqueta, como era costumbre en el pasado.

Más que mirar a los transeúntes, yo tenía fija la mirada en la pintura desconchada de mi casa, la puerta con óxido viejo y la banqueta de muy mal ver. Tuve la ocurrencia de preguntar por qué mi papá no arreglaba todos esos desperfectos, a lo que obtuve por respuesta “si esta casa no te gusta, busca quién te ponga una a tu gusto”.

Ahora sé que cometí pecado de ambición a externar mi aspiración por habitar en un lugar que delataba ser atendido, y eso no era propio de una mujer recatada. Antes, a mis ocho años, con la misma persona experimenté mi primera bofetada al preguntar la razón por la cual cierta monja tenía los ojos bizqueados; ahí supe que la curiosidad no tiene cabida en las cosas de Dios.

Hay un montón de cosas que llevan a una mujer por el camino de la perdición, como andar sola por la noche, caminar por lugares poco transitados, usar ropa ajustada, contestar a las agresiones con determinación y solvencia, ser madre soltera, destacar en el ámbito laboral. No tengo espacio para enlistar la gran cantidad de circunstancias que llevan fácilmente a una mujer a la perdición porque son tantas las ocasiones en las cuales se supone, entre formaciones imaginarias, que una mujer no debería actuar, estar, vestir, decir, hablar, defenderse, gritar a fuerza de ser considerada perdida o fácil.

La humanidad ha perdido a muchas mujeres en los últimos años. Mujeres que decidieron ir más allá del prejuicio y la suposición continuando sus vidas con airosa determinación; yo estoy por renovar mi credencial como parte de ese club al cual todavía nos da miedo darle un nombre.

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07 Marzo 2019 04:00:00
Ente peluchoso
Años atrás, Don Kevin Swason, un pastor evangélico, abrió un archivo criminal en contra de la Rana René, la de los Muppets, y todo porque se le ocurrió al batracio apoyar el matrimonio gay; es más, el hombre hizo una advertencia al público infantil: “René no está tan interesado en la cerdita Peggy, quizás está interesado en otra rana”, con quien, seguramente, anda en la senda de la sodomía.

No fue el único desaguisado que enfrentó el animalillo, pues antes de la demanda rompió contrato con una enorme cadena de restaurantes en donde este personaje y sus compañeros eran imagen. La ruptura se dio porque el dueño del emporio habló en contra de la homosexualidad.

La empresa Henson, que respalda a René, respondió al acusador, a quien respalda su esposa y su monaguillo, y decidió donar las ganancias obtenidas en la cadena restaurantera a una asociación en defensa de la homosexualidad y en contra de su difamación. Como sea, el religioso ya perdió de muchas formas.

Yo no sé si el pastor cierre filas con otras religiones o si René se adhiera al Partido Verde para apoyarlos con sus comerciales proselitistas, lo único que tengo por cierto es el gran desazón generado entre los habitantes de este mundo, quienes están aún en proceso de elegir postura y, quizá, inclinación sexual, así sea que la naturaleza los dotó con una clara predisposición.

La exaltación causada por el tema es un asunto viejo, apuntado en la historia y argumentado, en todas sus posturas, desde puntos de vista tan variados como los establecidos en la Biblia, anatómicos, genéticos, económicos, políticos o por mero divertimento. En esa discusión, el grupo homosexual acaba siendo, de todas formas, utilizado por partidos y separado de la sociedad, más si se le prometen derechos especiales, atenciones dirigidas, defensa personal y no una protección integral como la que viene en la carta de los Derechos Humanos y ya.

Entiendo que la demanda contra René no procedió, quizá por ser un ente peluchoso, pero alguien debía jalar las orejas a ese pastor por pervertir una imagen impoluta, hasta ahora, ante los ojos infantiles; junto con él, todos esos que ven al demonio en la gatita Kittie y los pitufos, a mí me gustan ambos, qué caray.

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05 Marzo 2019 04:00:00
Sin enderezar
En 2009 “sembré” este artículo. Usé ese verbo porque he cosechado buenos y numerosos frutos entre estudiantes y profesores quienes transitaron de una idea acartonada sobre la lectura a la peligrosa libertad de leer como uno quiera. Hoy una maestra me pidió que lo replicara en este espacio para solaz de sus alumnos.

Hay diferentes pruebas para evaluar la calidad de la educación básica en nuestro país. Algunas son propias y otras prestadas, pero en ambos casos se pretende hurgar, escarbar, en los cajones intelectuales de nuestros niños para saber si sus maestros los dejaron medio llenos o medio vacíos.

La más conocida es Enlace, test de batería –se llama así porque contiene preguntas de diferentes tipos de respuesta– que todavía pone a los niños ante el reglazo de qué es el objeto directo en “la vaca come alfalfa”. La otra es la prueba PISA, encaminada a unos cuantos sectores específicos de la educación con énfasis en la lectura.

Si los profesores estuviéramos todos preparados para manejarlas con la madurez de que estamos trabajando con seres vivos y que las condiciones pueden ser cambiantes en cada momento y en cada persona, voy de acuerdo en aplicarlas, pero cuando nos exigen que el lector esté sentado, sin cruzar las piernas porque le dan várices, sin mover la cabeza, solo los ojos; no abrir la boca, no emitir sonido alguno, que en su alrededor reine el silencio, no levantar el libro, tomarlo con ambas manos… Bueno, ya me cansé solo de platicárselo.

Uno de los libros que más he disfrutado es “El Mundo de Sofía”, y la mayor parte de sus páginas las repasé con voracidad tendida en la tierra del bosque con un árbol por recargadera. Sí me distrajeron muchas veces las aves, rebuznos y bramidos, a los que dediqué tiempo haciendo un espacio para continuar con la historia de la Filosofía. ¡Y sí le entendí!, hasta logré que mis alumnos de preparatoria lo leyeran voluntariamente.

“El Médico” lo terminé mientras cocinaba pollo en mole y “Ensayo Sobre la Ceguera” en dos o tres vueltas al banco, justo en quincena.

Algo debo confesar: no he presentado la prueba PISA, tal vez la repruebe; seguro me rechazarán los de la lectura rápida, pero no tienen idea de cuánto disfrute de mis lecturas.

Entonces ¿por qué no leer de cabeza si eso nos da placer? ¿O acaso usted no ha terminado un buen libro dando un profundo suspiro en el baño?


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28 Febrero 2019 04:00:00
Yo pecadora
Cometí un delito, soy culpable; volveré al lugar del crimen. Así actúan los delincuentes y yo, con una conciencia más grande que mi cerebro, me empuja a estar otra vez, y otra, frente al agraviado.

Más en mi agravio, el delito lo he venido cometiendo desde hace 35 años, y no es mi descargo el hecho de que no estuve consciente de ello; muy al contrario: Me sentía la heroína, salvadora, redentora de decenas, cientos de chiquillos y adolescentes atropellados por la escuela.

Tengo por regla -y mis alumnos de ayer, hoy y siempre lo saben- permitir a los estudiantes que propongan, diseñen, hagan y piensen todo lo que les es dado por la imaginación siempre y cuando cubran un único requisito: Hacerlo todo con la ropa puesta.

“Hacerlo todo con la ropa puesta” es una manera de pedirles que sus acciones, tan libres como nos sea posible hacerlo en la escuela, no tengan más acotación que el respeto; hasta ahora todos lo han entendido, desde alumnos de primaria hasta universitarios. Hoy, tres décadas después, me doy cuenta de cuánto una parte de mi metodología no estaba siendo asimilada: La libertad.

No les sucede a los chicos en educación básica, sí a los pre y universitarios. La libertad de acción, la posibilidad de opinar de construir significados, de generar conceptos se ha convertido en una posibilidad tan amenazante que parece malintencionada. He notado, con tristeza, como alumnos brillantes se tornan inseguros porque no he incluido en clase la imposición de un significado, la letanía de un autor, la memorización de una teoría.

Cada día expongo a mis alumnos al riesgo de pensar; cada día me demuestran cuánto puede avanzar una mente joven si se le deja volar. Cada clase, ellos han estado esperando la verdad, una verdad única e indiscutible y, lamentablemente, no tengo esa respuesta porque ni quisiera tenerla.

En mi próxima clase vestiré con sobriedad, me calaré mis anteojos y recitaré un par de teorías con sus conceptos; luego vendrá el examen. Esto me hará ganar una evaluación docente favorable, aunque yo, en mi interior, me sienta reprobable.

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27 Febrero 2019 03:00:00
La regla
La primera regla para que hacer funcional a una agenda es ver la agenda, abrirla; las normativas posteriores no importan mucho cuando el primer requisito falla a una gran cantidad de organizados potenciales. “Organizados potenciales”, nombre eufemístico de los distraídos.

Ante la irascible insistencia de la exigente modernidad y sus frases lapidarias como “carpe diem”, “cada minuto cuenta”, “el tiempo es oro”, numerosos adultos desorganizados caen en la mercadológica tentación de iniciar una vida dentro del orden. Adquirir una agenda es un paso tan importante en esta empresa como adquirir un par de tenis cuando se planea, ahora sí, hacer ejercicio rutinariamente.

Nada más comprar la agenda -cuya búsqueda implicó un viaje específico, una revisión minuciosa y una inversión considerable- todos los espacios son rellenados con las acciones previstas, los cumpleaños olvidados, los actos deseables y las frases necesarias para cumplir todo lo anterior; pero al siguiente día se olvida mirarla. Un teléfono inteligente ayudaría con esta determinación, pero una gran cantidad de esos adultos conversos también está iniciando cierta vida más natural, alejarda de esos aparatos, o no sabe bien a bien cómo programarles las alarmas, o no se posible recordar en dónde quedó tras la última lección recibida de un nieto impaciente.

Tan largos como las membresías del gimnasio a partir de enero son las decisiones sobre organizar la vida con una agenda, cuyos meses de enero a marzo se ven ahítos de actividades hechas o por hacer, de abril a mayo apenas sí marca los días festivos y de junio en adelante sus hojas funcionan bastante bien para anotar los recados recibidos mediante el teléfono tradicional.

No es desdén ni tampoco desdoro; asumo que los intentos por llevar una agenda en el último tercio de la vida no suelen duran mucho tiempo porque, a un paso de obtener una credencial de INAPAM lo que menos les importa es el tiempo y su acomodo.



23 Febrero 2019 03:00:00
De dos en dos
En un baño de mujeres se pueden captar hasta cinco conversaciones simultáneas

Se requieren características muy específicas para ir al baño de mujeres. Yo no cubro ese primer requisito de parecer, ser y actuar como dama de compañía.

No tengo muy claro por qué las mujeres no van solas al baño. En lo personal, cuando hay una urgencia, escapo, repto por entre la gente y paso
inadvertida.

Alguna vez seguí a unas primas; me esforcé en vano por desentrañar ese secreto antiquísimo y femenino, pero no encontré nada espectacular: hablaron sobre los vestidos de todas las asistentes –excepto ellas– y las carencias o abundancias nuevas en los caballeros viejos.

No tengo la habilidad para reservarme los asuntos: si voy a abordar un tema lo comento en sobremesa, en tanto los invitados más felices bailan la rayita. Las mujeres de verdad son sagaces y reservan una parte muy sabrosa para agotarla frente al lavabo; las acotaciones se hacen de un sanitario a otro. Un baño en día de boda se vuelve mercado sobre ruedas y no torre de Babel, pues de forma inexplicable nadie se confunde con la plática ajena ni se mezclan personajes.

En un baño de mujeres se pueden captar hasta cinco conversaciones simultáneas. Cada pareja cuenta una historia intacta, aprende una segunda y complementa la tercera. En esos casos, cuando al regreso del sanitario alguien me pregunta qué me contaron en mi viaje por ese paraíso de la comunicación, yo, como Pito Pérez, digo: nada, nadie dijo nada.

Nunca entraré a ese club tan distinguido; los talentos requeridos no me los dio natura, mucho menos la Sorbona, y dudo mucho, a estas alturas, desarrollar semejantes habilidades y aptitudes. Ese misterio de ir al baño para dos nunca podré desentrañarlo.

19 Febrero 2019 04:00:00
Subir para abajo
Ya cuando cerraban la plática con esta frase “Y tiene una casa de dos pisos”, todos estaban ciertos de la acomodada posición económica de la cual gozaba el persona de marras. Nosotros, los pobres, nos conformábamos con un piso, y a veces de tierra.

Llamo a esto la paradoja de la escalera. Mi tía era rica, pues un costado de su sala tenía, a modo de costilla, una rutilante escalera que anunciaba la entrada a cierto paraíso superior que, en mi fantasía, se adivinaba amplio, pulcro, con pisos suaves como si anduviera uno entre las nubes, con ventanales interminables, cual si uno fuese dueño del cielo mismo. En realidad, la casa llevaba en la planta alta dos recámaras medianas y un baño común.

Mi padre, por su lado, era pobre. Tenía en su haber una casa con dos recámaras enormes con piso de barro, cuyos techos era imposible encalar si no se contaba con un andamio; había al lado una cocina grande con estufa de leña y mesas de madera, sobre la cual pendía un canasto rebosante de tortillas recién hechas. Afuera se extendía un patio, regido por el pirul, y más allá, estaba la huerta, la troje, el corral de las vacas y el tapanco. Pero no había escaleras.

La inteligencia comercial hizo lo suyo cuando convenció al mundo que un habitante de la ciudad, encaramado en una casa más alta que sus aspiraciones era sinónimo de estatus envidiable. Subir la escalera parecía la imagen propia de le elevación al cielo, como si adquirir una casa con doble planta nos volviera el bíblico Elías de Reyes 2: 11, subidos hasta Dios en medio de un torbellino.

Los habitantes del campo, por la paradoja de la esclarea, se han sentido siempre como si fueran el condenado a pisar la tierra, a estar siempre pegados a ella como una predestinación, como sus propios caballos que aunque no estén atados no se arrancan a correr, sino que quedan ahí pendientes de la soga.

Hoy los amplios terrenos se cotizan altos. Una casa con techos altos, encalados, extendida en medio de un predio sin necesidad de violentar el medio interrumpiendo la mirada al cielo es lo que nos vuelve miembros de la estirpe superior.

Los campesinos ya se dieron cuenta de eso y tomaron una decisión: venden a los citadinos para que construyan en sus grandes tierras casas pequeñas con escaleras.

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14 Febrero 2019 04:00:00
Valor de café
Quien pone el café cada mañana en la oficina, no tiene idea cuánto bien hace a la humanidad, la cantidad de matrimonios que salva, el número de suicidios que evita y el espacio tan grande que ocupará su ausencia si acaso piensa en marcharse.

Dedico este texto a Hugo, caballero andante encomendado para desvelar la luz del día en la escuela que me ocupa. Lo he visto batirse contra la rutina de llevar a cuestas una cafetera con capacidad para 50 tazas; se he enfrentado a su otro yo tratando de entender cuál fue el pecado que le lanzó ese karma tan desastroso para su persona. La importancia que tiene esa batalla librada cada mañana, con el triunfante olor a café como estandarte, cale mucho más de lo que huele.

El olor a café en una oficina no empezó con la Revolución Industrial. Todavía en mis mocedades como reportera, mi mayor anhelo era acercarme a las oficinas directivas para hacerme la ilusión de saborear un café sempiterno puesto quién sabe dónde; ilusión nada más porque eran tiempos cuando esa bebida se ofrecía solamente a los visitantes distinguidos. El café que prepara Hugo, luego de guardar sus armas, es un fehaciente acto democrático para el pueblo.

La moda del café lo ha encarecido. Si antes era una compra emergente en una esquina para engañar al estómago vacío y madrugador, hoy es un ritual de posición económica, cuyos costes se elevan a razón del estampado vaso en el cual lo sirven y la posibilidad de tomarse una selfi que nos reposiciones en el ránking social de los humanos productivos.

El abrazo del café al ingresar un área administrativa, a una sala de maestros, es un olor que genera pertenencia, sensación de bienvenida cuya llamada nos atrae como canto de sirenas cuando la madrugada nos atosigó con el retintín del despertador.

Hugo no lo sabe, pero tiene entre sus manos la armonía laboral, la permanencia, la puntualidad, la identidad de una institución completa y la certeza de que, a pesar de todo, se puede sobrevivir en cualquier selva.


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12 Febrero 2019 04:00:00
Caricatura
La palabra caricatura tiene un significado bipolar y muy chistoso. Es un término poderoso, pues entre sus letras cabe tanto la sorna y la malicia, como la concepción de un mundo completo, deseable y, por qué no, muy real.

Mi más lejano recuerdo es Goldar. La Señorita Cometa no cuenta, porque más allá de Chivigón, todos los demás participantes eran seres humanos; aquel, en cambio, destilaba carbón del lapicero con el cual fue dibujado, cuadro por cuadro.

Goldar emergía de unas compuertas cubiertas por agua. Elevaba su interminable altura por encima de todo lo presente en el contexto de la historieta; además lo hacía justo cuando el mundo andaba apuradísimo combatiendo males invencibles. Lo maravilloso, al parecer, siempre ha venido en dibujos animados.

Al mismo tiempo, una caricatura era ese dibujo distorsionado de uno que ofrecían algunos hombres puestos en la Alameda los fines de semana. Es decir, en mi mente habitaba lo deseable y lo indecible: Todos mis amigos se soñaban en el cuerpo de Goldar, pero nadie quería quedar estampado en el papel con los ojos chuecos y la nariz infinita.

Parecer una caricatura, hasta hoy, no es un halago para quien tiene en ciernes su madurez; sin embargo convertirse en cuanto es un dibujo animado, se ha vuelto ensoñación para millones de muchachos y muchachas.

Los poderes de todos los Hombre Araña, la pragmática filosofía de Dead Pool, la mística del Guasón, el desgano de Harley Quinn, todas son cosas deseables y dignas de ser respetadas, analizadas. Los adictos a estos dibujos animados, a veces vueltos persona, bien pueden olvidarse del mundo real porque con todos los fantásticos hay universos suficientes para vivirlos.

No son caricaturas, son dibujos animados, con solo cambiar el nombre se defiende la diferencia entre lo irrisorio y lo admirable. Vaya, lo que puede hacer una palabra.


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09 Febrero 2019 04:00:00
In fraganti
Cuando estudiante de secundaria llegué a medir, si acaso, un metro con 55 centímetros. No sé si los truenos plantados por doquier en la escuela alcanzaban los 8 metros de que son capaces, pero parados uno junto al otro, ellos se achicaban a mi tamaño y yo podía volar.

No atendía tanto a sus hojas ovaladas, duras y crujientes, a pesar de que me sirvieron como ansiolíticos al romperlos por la mitad y, junto con el chasquido íntimo entrambos, se disparaba hacia mi nariz un tropel de ácida terapia. Fueron también entretenimiento cuando, entre mis manos, se volvían confeti o silbato fallidos; aun con eso, no eran las hojas del trueno mi objetivo entonces.

Llegué a fijarme, sin demasiada minuciosidad, en las minúsculas esferas opacas que contenían el objeto de mi deseo: un aroma que estallaba en otoño a modo de fuegos naturales que me atacaban construyendo, contra mi voluntad, un acervo de recuerdos que programaron mi inconsciente para volver, intermitentemente, a la escuela secundaria.

Sus frutos son remedio medicinal y tónico en Oriente; las plantas pueden convertirse en invasoras, dicen los botánicos. Mi aportación empírica es determinante para la comprobación de esa hipótesis: reencontrarme con el aroma de sus flores duele tanto como alivia; invade sin control la parte de la memoria en donde se resguardan los recuerdos terribles de la adolescencia, desde el riesgo a ser abusada hasta el terrible profesor de Español que pedirá el cuaderno completo mañana.

Qué saben de truenos los botánicos si colocan en el mapa nacional apenas unos cuantos en mi ciudad; ignoran que yo misma estoy poblada, que la existencia de mis compañeros en decenas tuvo en el aroma de sus flores el origen de recuerdos personales, de las decisiones propias, del descubrimiento del mundo descarnado y de la impostergable autosuficiencia.

Sus bayas esféricas; las hojas, alimento para las orugas, y las flores abren en cuatro minúsculos y fragantes pétalos. En Wikipedia olvidaron poner los adjetivos persistente y sempiterno a su fragancia.



07 Febrero 2019 04:00:00
Miedo no basta
Las mujeres nos volvimos peligrosas; saltamos de vulnerables a vulnerantes. Con miedo que nos tengan basta, decían; pero cuando ese temor está sentado en la desconfianza, más que bastar, ese miedo sobra.

Provocar una impresión de poder ha sido el trabajo milenario de las personas quienes tienen por cometido en la vida el control; sin embargo, estudiado ese poder bajo la óptica de la realidad social, cuanto más se ejerza ese control, más se pierde.

La lucha feminista no nació con la intención de ocupar el poder, sino de desocuparlo. La finalidad no consistía en desbancar al controlador, sino liberarse de él, pero sucedió lo que pasa siempre al ser humano: conforme incrementa su campo de dominio, pierde la pista del destino original y se pierde a sí mismo.

Ayer mismo leí un artículo publicado en España referente a la crisis global de los miedos masculinos ante el delicadísimo alcance legal de las mujeres que empieza a desbordarse hacia la intransigencia. La primera consecuencia de ello, emerge una primera desventaja: Numerosos gerentes o especialistas en la empresa privada se niegan a ser mentores de nuevas empleadas o compañeras de trabajo, porque no tienen muy claro cómo, con cuál acción o en qué momento pueden ser acusados de acoso sexual.

El resultado es que menos mujeres tienen la capacitación para ocupar mejores puestos. Este oxímoron social parece un resultado natural de las épocas culturales y sus marcadores de límite: Se transitó de la ignominia contra la mujer a la exigencia sin reflexión.

Es un hombre quien descubrió este nuevo patrón de comportamiento de hombres hacia mujeres, argumentado bajo el respeto indiscutible hacia ellas, pero con el ligero implícito del alejamiento laboral que, con toda seguridad, se volverá también un mecanismo de defensa en todas las relaciones sociales.

¿A dónde queríamos llegar con la lucha feminista? Valdría la pena retomar el punto de aterrizaje.


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31 Enero 2019 04:00:00
Todo o nada
Estudiar Filosofía ya es difícil de por sí: implica darse cuenta de que uno no es uno sino todos pero nada a la vez y, además, esa cosa indescriptible se puede individualizar para luego identificarse con un colectivo. Si alguien no entendió, estará en mi equipo: Yo tampoco.

Los filósofos son más intrincados que la Filosofía misma, pues, al igual que algunos pedagogos y sicólogos, si no inventan una palabra a lo largo de su vida, no descansarán la muerte. Así, debemos memorizar entelequias, cosificaciones y “epochès”.

No conformes con neologismos construidos a base de extranjerismos que, de acuerdo con la Academia, si los uso se convierten en barbarismos, osan derivar los nombres de grandes pensadores a fin de inventarse como partidarios de alguna corriente. Se les hace muy fácil pegarle sufijos a los ya de por sí complicados apellidos en cuanto extranjero tuvo a bien plantear una teoría.

Con los kantianos y los aristotélicos no tengo gran problema, pero guardo mis reservas con kikergardianos y nietzscheanos. Ahora mismo la lengua se me hace un nudo para pronunciar, y esto sin adentrarnos en sus teorías.

Hace unos días me vi enfrentada a leer a Wittgenstein, pensador nacido en Austria; en la clase, el maestro nos recibió con una pregunta profundísima: “¿Quién se volvió wittgensteiniano?”. Un murmullo recorrió el salón y todos nos dimos a la tarea de encontrarle una respuesta correcta, pero cuando fuimos capaces de pronunciar la palabrita, ya se había acabado la hora; todos decidimos ser platónicos, resultó mucho más fácil de decir.

No soy conservadora; sí voy de acuerdo con la evolución léxica y la necesidad de nuevas palaras, pero, esto defendiendo las formas. El filósofo austriaco, de por sí complicado de leer, se quedará sin seguidores si insisten en pegarle más complicaciones al nombre y, como diría Hermione, en Harry Potter: temerle al nombre solo acrecienta el miedo al hombre.

A resultas de todo esto, durante algún tiempo me quise promover como heideggeriana, pero al decirlo me sentía lideresa sindical dando un discurso; me decidí por Santo Tomas, para ser tomista, y si no me quedé nada más con el Santo, es porque no podía ser santa… pues aún no muero.

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29 Enero 2019 04:00:00
Todos mis kilos
Ningún ginecólogo de este mundo se ha embarazado, por eso ignoran que antes del parto no es una mujer puede dormirse con dos kilos y amanecer con el doble sin explicación ninguna, y de ahí se derivan todos los otros males.

¿Cuántos kilos habrá subido Thalía en todos sus embarazos? Dos y medio quizá, y aun así un laboratorio la demandó por haberse embarazado a medio contrato; craso error, pues bien pudieron aprovecharla para promover algún milagroso ungüento capaz de hacer aparecer cual sílfide a una recién desembarazada.

La mayoría de las mexicanas no entramos en ese catálogo. Los doctores apenas se enteran de la gravidez, lanzan una retahíla de advertencias: no suba más de doce kilos, camine hasta el día del parto, ingiera comida sana, no tome refrescos, no fume, no ingiera alcohol, no cargue cosas pesadas, no haga ejercicios bruscos, etcétera.

En lo personal, seguí ese dicho de echarle todos los kilos a las cosas planeadas; mi hijo no lo fue precisamente, pero, como fuere, yo decidí ponerle mi mucho peso a fin de conseguir un personaje decente; el problema es que cuando salió a la luz me lo dejó todo encima y luego, volver al tamaño normal es una cosa muy complicada.

Desconozco si ThalÍa usó alguna faja, tomo cierto té o se consiguió un instructor de yoga venido del Cirque du Soleil, pero a mí no me funcionó la primera, el segundo me daba asco y el tercero lo cambié por un malabarista centroamericano de un crucero, con los resultados a la vista.

Como todo en esta cruel sociedad, podríamos decir entonces que no hay embarazadas lacias o rotundas, corpulentas o enclenques, saludables o en riesgo; simple y sencillamente las hay pobres y las hay ricas, eso definirá si no el tamaño del hijo, sí el de la mamá.

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24 Enero 2019 04:00:00
Párese
La probabilidad de que nos pesque un stand up en un vuelo comercial, el súper o la Plaza de Armas es baja, aunque latente. Ante esta perspectiva, hace tiempo tomé una importante decisión: llevar siempre ropa interior limpia, o mostrar una actitud como si la llevara.

La ropa interior limpia es por si se requiere asistencia de un guapo bombero o un atractivo paramédico y tenga yo suficiente conciencia para percibirlo. Cualquier adulto sabe cuánta seguridad otorga a nuestra personalidad sabernos con el interior muy pulcro; aquí es donde entra el tema de la actitud.

Tuve, hace poco, una pérdida importante al respecto. De pie al aire libre, enajenada en una diferencia con alguien más, tuve frente a mí cierto acontecimiento estelar maravilloso: un bólido azul brillante, visto a la distancia con dimensiones similares a un globo aerostático, pasó frente a mí dejando una estela luminosa. Mi asombro me distrajo los primeros segundos, sin embargo, perdí de vista el destino de aquel objeto al distraerme para confirmar que mi contrincante no se había percatado del evento.

Me entretuve por un rato cavilando sobre cuánto hubiésemos disfrutado, en conjunto, de lo recientemente acontecido; para cuando me percaté de mi tontería, era demasiado tarde: tampoco yo me permití observarlo en plenitud. Perdí esa ocasión pensando en aprovecharla la próxima vez; pasaron ya 30 años y la oportunidad no regresa aún.

También vi a un hombre tirarse desde un segundo piso; nadie me dejó acercarme para prestarle ayuda o, por lo menos, atención paliativa y él murió solo. No es una experiencia deseable, tampoco probable, pero si se repite, debería sobreponerme a la opinión de otros.

Ambos fueron acontecimientos mayores, sin embargo, deberíamos responder a la pregunta sobre si cada día se nos escapan oportunidades irrepetibles como granos de arena entre los dedos. La petulancia humana inventó frases como estas cuando dejamos de mojarnos en la lluvia, tomarnos un día libre, conocer a alguien: hoy no puedo, ya lo haré mañana.

24 Enero 2019 04:00:00
Párese
La probabilidad de que nos pesque un stand up en un vuelo comercial, el súper o la plaza de armas con comprobablemente bajas, aunque latentes. Ante esta perspectiva, hace tiempo tomé una importante decisión: Llevar siempre ropa interior limpia, o mostrar una actitud como si la llevara.

La ropa interior limpia es por si se requiere asistencia de un guapo bombero o un atractivo paramédico y tenga yo suficiente conciencia para percibirlo. Cualquier adulto sabe cuánta seguridad otorga a nuestra personalidad sabernos con el interior muy pulcro; aquí es donde entra el tema de la actitud.

Tuve, hace poco, una pérdida importante al respecto. De pie al aire libre, enajenada en una diferencia con alguien más, tuve frente a mí cierto acontecimiento estelar maravilloso: Un bólido azul brillante, visto a la distancia con dimensiones similares a un globo aerostático, pasó frente a mí dejando una estela luminosa. Mi asombro me distrajo los primeros, segundos, sin embargo perdí de vista el destino de aquel objeto al distraerme para confirmar que mi contrincante no se había percatado del evento.

Me entretuve por un rato cavilando sobre cuánto hubiésemos disfrutado, en conjunto, de lo recientemente acontecido; para cuando me percaté de mi tontería, era demasiado tarde: Tampoco yo me permití observarlo en plenitud. Perdí esa ocasión pensando en aprovecharla la próxima vez; pasaron ya 30 años y la oportunidad no regresa aún.

También vi a un hombre tirarse desde un segundo piso; nadie me dejó acercarme para prestarle ayuda o, por lo menos, atención paliativa y él murió solo. No es una experiencia deseable, tampoco probable, pero si se repite, debería sobreponerme a la opinión de otros.

Ambos fueron acontecimientos mayores, sin embargo, deberíamos responder a la pregunta sobre si cada día se nos escapan oportunidades irrepetibles como granos de arena entre los dedos. La petulancia humana inventó frases como estas cuando dejamos de mojarnos en la lluvia, tomarnos un día libre, conocer a alguien: Hoy no puedo, ya lo haré mañana.

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17 Enero 2019 04:00:00
A la mano
Los ojos son el espejo del alma; el cabello femenino delata un despertador descompuesto, y el pantalón el mejor amigo tres semanas después del salón. (Sí, esta lista esta muy loca, pero si Borges lo hacía ¿por qué yo no?) Pero las uñas, señor mío, son la caja de pandora, la caja negra, la caja de Fruit Loops para conocernos a las mujeres en todo nuestro esplendor.

Deberán, los caballeros, agradecer a la inventiva estética por esta seña a distancia para tomar una decisión respecto de establecer uno u otro tipo de relación con el sexo opuesto. Algunas tribus y grupos étnicos usan turbantes atados de diferentes formas; otras, fajas de diferente grosor y colorido atadas a la cintura; también hay huipiles delatores del estado civil entre las mujeres, todo esto para evitar confusiones penosas -o trágicas- si alguien quisiera algo con ellas. Pero lo de hoy, lo de hoy, son las uñas.

La uña larga, a mediados del siglo pasado, era un signo de rebeldía, protesta no tan silenciosa contra la sumisión femenina referida a labores en el hogar, que impedían el cuidado de la belleza femenina, porque eso era sinónimo de desatención a las obligaciones de la mujer: los hijos, el viejo, un montón de pájaros, un perro, un gato y una tortuga.

Hoy en día, la uña racionalmente larga y pintada es solo reflejo de mesura y buena apariencia, no habla mucho del estado civil o deseos al respecto para un futuro inmediato. Si van pintadas, el color envía numerosos mensajes: la de rojo padece el síndrome de la blancura y desea exacerbar el albo tono de la piel, exista o no –el tono, no la piel-; las rositas guardan discreción y feminidad, las de transparente, cuidado, anuncian la perfección en dicho y hecho, seguro no permitirán a nadie siquiera un calcetín en el baño.

Una forma de reafirmar la determinación por la libertad fue usar, sobre las uñas propias, extensiones acrílicas en la punta de los dedos; ahora se usa porcelana, acrílico, gel. Las féminas capaces de portar esos accesorios y mantener las medias impolutas y la ropa interior sin rasguños, suelen ser solteras, económicamente activas, o casadas con la esperanza de volver al estado y añorado estatus anterior.

Por cuestión de espacio, abordaré, por último, las de la uña mordida. Estas chicas son un albur y fehaciente modelo de la mujer, es decir, darán resultados extremos: en cuanto se casen, o comerán todo lo que haya en casa excepto la queratina de sus uñas, o, pasado un mes de la boda, será usted quien vaya a ponerse uñas postizas, porque habrá consumido por completo las suyas.

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10 Enero 2019 04:00:00
Quién lo dijo
Va uno buscando los mejores discursos entre las mejores personas, las comunidades desarrolladas y colocadas en los cuernos de la luna por las encuestas internacionales. Resulta que en el trayecto por encontrar el mejor monólogo dirigido a un hijo, mis mejores puestos los ocuparon dos impensables: Sylvester Stallone y la cultura nahua.

El primero no parece haberse hecho con la fama por sus palabras sabias; los segundos, andan en boca del mundo como bárbaros y violentos. Les dejo dos flores cortadas de sus respectivos jardines y ustedes sacarán la conclusión.

Stallone en su personaje dice a su hijo: El mundo no es un arcoíris, es un mundo malo y salvaje y no importa qué tan rudo seas te pondrá de rodillas y te pondrá así permanentemente si lo dejas. Nadie golpeará tan duro como la vida, pero no importa qué tan duro lo hagas sino lo duro que resistas y sigas avanzando; así es como se gana. Y si sabes cuánto vales, sal a buscar lo que mereces, pero debes ir dispuesto a recibir golpes y no a culpar a otros y decir no soy lo que quiero ser por él o ella o por nadie. Siempre te amaré sin importar lo que pase, pero hasta que empieces a tener fe en ti no tendrás una vida propia.

Texto nahua. Ama y haz piedad, y no seas soberbio ni des a otro pena; mas serás bien criado y afable con todos, y recatado delante de aquellos con quienes vivieres y conversares, y serás amado y tenido en mucho. No hieras ni hagas mal a alguno, y haciendo lo que debes, no te ensalces por ello, porque pecarás contra los dioses, y hacerte han mal. Si no anduvieras, hijo, a derechas, ¿qué resta sino que los dioses te quiten lo que te dieron y te humillen y aborrezcan?

Así, las mejores palabras no siempre vienen de las mejores caras.


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08 Enero 2019 04:00:00
Ayer, hoy y siempre
Tengo tres textos para ustedes; es un acertijo, un juego a simple vista entretenido y sencillo, pero en realidad es cruel y agorero. Se trata de adivinar la época a la cual corresponden las siguientes crónicas.

1. Los reclusos musulmanes de los campos de detención en el extremo oeste de China se encorvaban sobre las máquinas, una fila tras otra. Estaban entre cientos de miles de personas que habían sido detenidas y pasado un mes tras otro rechazando sus convicciones religiosas. Ahora el gobierno los mostraba como modelos de arrepentimiento, acreedores a buenos salarios —y al perdón político— y empleados en una fábrica.

2. Un judío sometido a los musulmanes podía perder, arbitrariamente, en cualquier momento, su derecho a practicar la religión e incluso su derecho a la vida, aunque no exterminaban sus comunidades porque eran cultas e industriosas y aportaban impuestos seguros y servían de muchos modos, porque no solo había médicos eficientes, sino que aprendían a leer y escribir árabe con tal de cumplir sus exigencias.

3. El programa tenía como objetivo convertir a los uigures, los kazajos y otras minorías étnicas —muchos de ellos agricultores, tenderos y comerciantes— en obreros industriales disciplinados que hablen chino y que sean leales al Partido Comunista y a los dueños de las fábricas.

4. Los niños debían vestir pantalón azul, camisa blanca de manga corta, chaleco azul con franja amarilla y cabello en corte natural claro. Las niñas llevarán falda con largo a cinco centímetros sobre la rodilla, calceta blanca, camisa blanca de manga corta y un moño blanco, satinado, en el cabello recogido.

Para analizar un texto, nos enseñaron en la escuela, es necesario ubicarlo en su contexto histórico. De este modo, algunos de ustedes ya estarán echando mano de sus lecturas profundas o de sus respuestas en el Maratón; sin embargo creo que en este caso ninguna de las dos acciones será de gran utilidad.

Las respuestas son: la número uno, es del 5 de enero de 2019; la dos, corresponde al año 762; la tres data de ayer, y la cuatro es de hoy. Si no tiene inconveniente, mañana conversaremos sobre la evolución social del ser humano en lo que a tolerancia se refiere. Ahora podemos estar tranquilos.

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02 Enero 2019 04:03:00
Ley del hielo
El otro día tuve un infortunio: terminé mi trabajo en menos de lo que cantó el gallo. El gallo, molesto, se sintió vulnerado en su gallinácea debilidad, y le dio por atacarme a gritos y picotazos; al final, aplicó la ley del hielo a mi persona. Mohamed bin Salmán, en cambio, el otro día participó del crudelísimo asesinato de un periodista y, sin embargo, sigue teniendo amigos. ¿Cómo funciona ese asunto de la amistad?

Donald Trump, tan veleidoso, le concede el beneficio de la duda; el presidente indio, Narendra Modi, el sudafricano Cyril Ramaphosa y el chino Xi Jinping se tomaron selfies con él; Putin, de Rusia, entabló una cálida conversación con él, incluidas sus sonrisas enigmáticas y el intercambio de amigos en Facebook.

Si cometemos un error en la oficina, seguro la mitad de las compañeras dejan de seguir y el resto mantiene su considerable distancia para no alcanzar la furia del sistema que se vendrá sobre nosotras las fallidas. Los chicos en la escuela tienen bastante con encontrar a un compañero de tercer grado amigándose con los de segundo para sufrir las de Caín con el asunto del desdén.

¿Cómo hace Mohamed bin Salmán para ser invitado, todavía en las fiestas políticas? ¿Qué recurso bajo el brazo le impide ser vetado de un grupo así el mundo tenga claro que su mano hizo más que estirarle la pata a una vaca enorme y evidente? ¿Será que hemos juzgado mal a los políticos y en ellos cabe más bondad, perdón y tolerancia que los chamucos estudiantes de la secundaria; más sensibles que las gorgonas que habitamos las oficinas?

Estos pensamientos me llevaron a la reflexión siguiente: los amigos que nos rodean tienen clasificaciones particulares; yo como amiga soy clasificada de modo particular. Si los amigos de bin Salmán lo clasifican como viable a pesar de los delitos públicos, la clasificación de esos amigos también tendrá, necesariamente, tintes oscuros.

La conclusión: ante mi incapacidad de mantener activos a los amigos con oscuros tientes, tengo más estilo para llevar a cuestas la ley del hielo en mi vida laboral.


28 Diciembre 2018 04:00:00
Cama ranchera
Igual que un sastre iniciara el pantalón empezando por la valenciana, yo iniciaré este texto con lo de atrás para delante o lo de abajo para arriba.

Haré, por lo pronto, un listado con frases amorosas y bien trovadas a fin de explicar, por lo final, las razones que me movieron para entregárselas a usted. Aquí están.

Tú eres el aire que respiro para vivir, tú eres la tierra donde al fin descansaré. / Si la muerte me la dan tus brazos, no habrá prisionero más feliz que yo. /Háblenme montes y valles, grítenme piedras del campo; cuándo habían visto en la vida, querer como estoy queriendo, llorar como estoy llorando, morir como estoy muriendo.

Aclaro: elegí apenas un mínimo de frases tomadas al azar entre canciones mil. Probablemente haya identificado algunos versos, pues pertenecen a letras muy conocidas por los mexicanos. La razón atiende a que, hace poco tiempo, en una estación de radio cierta locutora hacía una reflexión para aleccionar sobre moral a nuestra sociedad; leía, para ello, una anécdota cuyo protagonista trocaba su corazón bueno por uno malo, y entre las manifestaciones de su transición estaba un nuevo gusto por la música ranchera.

He tenido una lucha interna a partir de entonces. Gusto de la música clásica, también del rock, pero no negaré que a menudo escucho música ranchera y, lo peor, me gusta. No tengo claro si soy mala todo el tiempo o solamente cuando mal entono la letra de “Hermosísimo lucero”.

Entiende cuánto los prejuicios guían la vida en una sociedad, sin embargo, son los medios masivos quienes tienen el cometido de limarlos para lograr una mejor convivencia y mayor comprensión entre la muy diversa población que somos en cada punto del planeta.

Las letras que elegí muestran cierto conocimiento literario, bastante creatividad y no poco sentimiento. No me queda claro cómo la locutora llegó a esa conclusión, quizá para relacionar el tema del riesgo social con la música pudo haber utilizado el ejemplo de quienes escuchan temas con abierta alusión sexual o palabras insultantes hacia la mujer; aun así, el calificado de “malo” seguiría siendo dudoso.

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26 Diciembre 2018 04:00:00
Ahí no
Dos peticiones insistentes realizo cada año cuando se aproximan la Navidad y el Día de Reyes; las gorditas de harina no fueron la cena este 24 de diciembre tampoco y la mañana del 25 tampoco amaneció bajo el pino la ubicación y el santo y seña del lugar llamado “ahí”.

Me extraña sobremanera no conocer a otro individuo humano quien incluya entre sus deseos la revelación de semejante misterio oculto hace miles de años entre las creencias, las palabras y las certezas de nuestra sociedad. El “ahí” -a diferencia del ahora- es resbaladizo y etéreo como el salario mínimo mexicano.

En primer término, tengo claro que “ahí” se apodera de nuestras cosas en cantidades ingentes. El efecto de sus raptos es constante, hasta rutinario; la humanidad, incluso, se ha vuelto insensible al delito cometido y se limita a decir con desgano: “Debe estar por ahí” cuando alguien plañe por su libro, sus anteojos o su elefante. No hay bodegas tan grandes como las de “ahí”.

La respuesta a todas nuestras preguntas existenciales, nuestros empeños como investigadores y las razones culpables de la infelicidad también se encuentran en esa dirección. Si hay un asunto irresuelto, una discusión sin acuerdo, un cierre palmario y desesperanzador es: “Ahí está el problema”; pero dónde es exactamente el sitio, nadie lo sabe, razón por la cual no se localiza la solución.

Algunos iluminados creen conocer jirones de ese sitio asexuado y se extravían en rustas desconocidas tras cerrar la puerta con la frase inquietante: “Andaré por ahí”. ¿En dónde buscaría usted, exactamente, a esa persona?

Otros, dominados por el pavor, se disfrazan de soberbia y aparentan indiferencia, desinterés por dar con el sitio, y usan la frase “Ahí sí que no”. Más allá de la negación matemáticamente afirmativa contenida en el sintagma, antes que aclarar su postura le heredan al receptor del mensaje una inconmensurable incógnita: ¿en dónde no?, y si no esta claro el sitio de la negación, la siguiente pregunta es ¿en dónde sí?

Es muy profunda la duda existencial provocada por una palabra tan pequeña, pero capaz de contenerlo todo, incluso el detalle.

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21 Diciembre 2018 04:00:00
Ordenando el caos
Hace un lustro me preguntó: “Maestra ¿cómo puedo enseñarles español si cada tercer día tenemos código rojo y acabamos bajo las bancas?”. La respuesta nos la dimos ambos con un proyecto que se intituló “Estrategias didácticas para enseñar español en ámbitos de violencia”.

Sí, la propuesta fue muy buena y los resultados excelentes, lo malo radicó en el veredicto dado a su documento: aprobado con honores, pero su texto condenado al rincón de una bodega para evitar que algún otro estudiante copiara la idea.

No fue un trato personal hacia mi alumno, ese es el derrotero de todos los trabajos con los cuales se titulan los futuros profesores. Sus documentos no son publicados ni públicos; se archivan en un sitio a donde nada más pueden entrar personajes especiales, así como los duendes guardianes de Gringotts, el banco mágico de Harry Potter.

Esta historia triste la recuerdo al término de cada ciclo escolar; sin embargo, este año me escuece más la herida saber que la Secretaría de Cultura federal publica el libro “Para leer en contextos adversos y otros espacios emergentes”, de autores extranjeros o internacionalmente conocidos.

En sus capítulos se habla sobre migración, desplazamiento horror, belleza, emergencia, todos temas actuales y asuntos inmediatos que requieren atención interdisciplinar porque pergeñan la sociedad en la cual insertamos a nuestros egresados de educación básica.

No me incomoda esa publicación, al contrario, me parece fantástico que se hable sin ambages de la realidad circundante a nuestros niños y jóvenes, establecidos y migrantes; es el oscurantismo al que está condenado el trabajo hecho por los estudiantes normalistas, quienes a diario están frente a grupos, recolectando millones de historias adversas y emergentes.

Además del documento mencionado al inicio de este artículo, hay más sobre aceptación del otro, gestión de ayuda para problemas innombrables, didácticas para trabajar en aulas sin luz ni cristales, poesía con grafiti y textos fonéticos. Aplaudo la publicación del libro, pero lloro por el anonimato de tantas ideas excelentes que aportan un poco de luz al diario vivir de las escuelas mexicanas.

21 Diciembre 2018 04:00:00
Ordenando el caos
Hace un lustro me preguntó: “Maestra ¿cómo puedo enseñarles español si cada tercer día tenemos Código Rojo y acabamos bajo las bancas?”. La respuesta nos la dimos ambos con un proyecto que se intituló “Estrategias didácticas para enseñar español en ámbitos de violencia”.

Sí, la propuesta fue muy buena y los resultados excelentes, lo malo radicó en el veredicto dado a su documento: aprobado con honores, pero su texto condenado al rincón de una bodega para evitar que algún otro estudiante copiara la idea.

No fue un trato personal hacia mi alumno, ese es el derrotero de todos los trabajos con los cuales se titulan los futuros profesores. Sus documentos no son publicados ni públicos; se archivan en un sitio a donde nada más pueden entrar personajes especiales, así como los duendes guardianes de Gringotts, el banco mágico de Harry Potter.

Esta historia triste la recuerdo al término de cada ciclo escolar; sin embargo, este año me escuece más la herida saber que la Secretaría de Cultura federal publica el libro “Para leer en contextos adversos y otros espacios emergentes”, de autores extranjeros o internacionalmente conocidos.

En sus capítulos se habla sobre migración, desplazamiento horror, belleza, emergencia, todos temas actuales y asuntos inmediatos que requieren atención interdisciplinaria porque pergeñan la sociedad en la cual insertamos a nuestros egresados de educación básica.

No me incomoda esa publicación, al contrario, me parece fantástico que se hable sin ambages de la realidad circundante a nuestros niños y jóvenes, establecidos y migrantes; es el oscurantismo al que está condenado el trabajo hecho por los estudiantes normalistas, quienes a diario están frente a grupos, recolectando millones de historias adversas y
emergentes.

Además del documento mencionado al inicio de este artículo, hay más sobre aceptación del otro, gestión de ayuda para problemas innombrables, didácticas para trabajar en aulas sin luz ni cristales, poesía con grafiti y textos fonéticos. Aplaudo la publicación del libro, pero lloro por el anonimato de tantas ideas excelentes que aportan un poco de luz al diario vivir de las escuelas mexicanas.

20 Diciembre 2018 04:00:00
Función de chacha
A primera vista vilipendiado, este espacio ha sido, en realidad, exclusivo y de alta especialización, tan xenofóbico como si sus manuales de comportamiento estuviesen inspirados en la filosofía aria selectiva: la hora, la plaza, la función de las Chachas, todo es un logro histórico acuñado no a pico y pala, sino a determinación y dignidad que ningún otro gremio alcanza.

Si bien, una invitación a eventos selectos ha de especificar el horario, el número, la vestimenta y cuantas restricciones apliquen a cada rubro, las muchachas de ayuda doméstica se manejan a partir de códigos cuyos signos se comparten en redes secretísimas y cerradas. No hace falta decir lo que para ellas es evidente.

El parque tiene sus rutas, sus sentidos natural y contrario por donde cada quien sabe cómo, con quién y hacia dónde avanzar. Aparentemente alejados los antisemitas sociales, les dejan andar con libertad y sin interrupciones; dominan el sitio con sus presencias, sus ritmos y sus aromas sin hacer campañas por la exclusión ni protestas para la inclusión: Su lucidez les lleva a disfrutar la plenipotenciaria pertenencia que el destino les cede en cada ciudad.

La función de cine les cuesta tanto, o menos, que a quienes prefieren las multitudes elitistas acostumbradas a divertirse en exhibidores citadinos. Para ellas y sus acompañantes es la sala, la cafetería, el horario perfecto para hacer de sus domingos el perfecto “carpe diem” entre la película, el paseo y el amor.

Ellas han dejado al devenir que pelee sus batallas. Ocupan los sitios y las horas que la sociedad les destina y entonces van tomando terreno poco a poco, en silencio; no hacen falta las consignas ni las mantas, se saben tan indispensables en la casa de quienes tienen altamente legislado su comportamiento, que les basta ser ellas y nada más.

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13 Diciembre 2018 04:00:00
Ya no soy una señora
Justo cuando pretendía convertirme en una mujer decente, la picaresca se pone de moda.

Apenas Germán Dehesa inauguró espacios mediáticos en donde estaba permitido el sarcasmo. Descartando los casos literarios, el periódico trataba de asuntos serios; los columnistas repensaban la realidad social y aportaban soluciones, en el mejor de los casos o atisbaban derroteros terribles, en su mayoría.

Hace diez años tuve la ocurrencia de hacer “Ordenando el caos” para publicaciones diarias, leídas por el común de los mortales a quienes las amenazas macroeconómicas los tienen sin cuidado en tanto sus preocupaciones radican en pagar la siguiente tanda. Eso parecía muy loco.

Eventualmente, en el sajón sentido de la palabra, me he puesto seria y abordé los asuntos desde perspectivas académicas y profundísimas reflexiones sociales, pero resulta que ahora, lo de hoy, es el sarcasmo y la ironía aderezados con toda clase de cerezas altisonantes.

En la educación me pasó lo mismo. Di mi primera clase hace 30 años, y esta consistió en hacer pasear a los alumnos por un jardín a fin de que buscaran, entre los bichos más pequeños, al personaje principal de lo que sería su gran obra literaria. Eso fue muy loco, tanto que, al siguiente día, cuatro padres de familia hicieron reclamos formales respecto de la mala reputación que les generaría el hecho de que sus hijos hablaran sobre larvas y gusanos durante la comida. ¿Acaso eso había sido lo más relevante que la escuela les ofreció ese día?

En estos días, resulta, que los más serios comunicadoras en el ámbito educativo dan conferencias para el mundo salpicadas con chascarrillos y anécdotas personales; además, les aplauden.

Decidí, por salud mental, convencerme de que mis ideas nunca fueron tan malas como las calificaron en su tiempo, solamente fue que nací en el año equivocado.
11 Diciembre 2018 04:00:00
Es un cerdo
Hace tiempo me contaron esta historia, cuya protagonista, una niña de preescolar, contestó reiteradamente, y negativamente, a la pregunta ¿cuántos coches rojos hay en la imagen? La imagen mostraba por lo menos tres autos de ese color; el veredicto fue: Estudiante con problemas de aprendizaje, se recomienda canalizar a educación especial.

No entristezcan, ese no fue el desenlace. Una joven profesora propuso, antes de la reubicación, preguntarle a la niña sobre su respuesta, a lo que ella respondió: no hay “coches” rojos, porque todos son “rositas”. Ella se estaba refiriendo a los cerdos.

La segunda escena en este texto la compone un alumno cursando el primer año de secundaria. Originario de la frontera con Estados Unidos, radicado allá hasta sexto de primaria y deportado recientemente. Sus problemas son Historia y Geografía: la maestra lo reprueba por desconocer ambas materias respecto de México.

Entristezcan, porque el adolescente será llevado de nuevo a Estados Unidos en donde será cuestionado –y probablemente reprobado- por desconocer la Historia y la Geografía de Estados Unidos. El problema, hasta ahora, radica en que a la maestra no se le ocurrió preguntarle por qué, a diferencia de sus compañeros, falla en los estados y capitales mexicanos.

Tercera escena. Una niña en sexto grado, convencida de que tener hambre constantemente es malo para la salud, sufre sus embates a media mañana y para no desvanecerse, canta, habla fuerte, baila; no quiere asustar a sus papás si llegaran a llamarles para decirles que se desmayó en clase. El problema es que nadie le ha preguntado la razón de su comportamiento “un poco loco”.

El cliché del adolescente dio una vuelta de tuerca y se volvió contra ellos mismos. No todos son rebeldes, comodinos, extraviados; hay una gran cantidad de muchachos buscando salvar el pellejo de la mejor manera, así sea que no entienden cómo funciona la vida en derredor suyo.

Parece simple: basta con preguntar. Habrá quien lo ponga en duda; sin embargo, esto lo supe justamente así, preguntándoles.

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08 Diciembre 2018 04:00:00
Vida trivial
Las cosas triviales sirven para ganar el maratón y volverse una imagen inmarcesible, porque lo cotidiano nos pertenece, en cambio quienes son extraordinarios pertenecen al mundo, a lo inasible y solo se recuerdan cuando el calendario tiene a bien traerlo a colación.

La escuela no tiene todo el conocimiento humano, y si lo tuviera, no habría tiempo suficiente para estudiar una carrera que lo contenga; la mayoría de las cosas que aprendemos suceden fuera del aula, al menos aquellas puestas en práctica para sobrevivir.

Voy a dar un ejemplo de utilidad: ganar el Maratón. En masculino se refiere al juego de mesa en el cual contienden hasta cinco jugadores respondiendo las más disímbolas preguntas a donde el azar tienda a llevarlos. El Profe Alessio ganaba siempre.

El Profe Alessio es un recuerdo inmarcesible para mí, porque ver a los adultos en una batalla campal de memoria e inteligencia me daba un vértigo tremendo siendo niña, me los imaginaba transpirando hasta la última gota de conocimiento adquirido en los sitios más impensables, pues saber cómo se llamaban los monjes budistas capaces de autoincinerarse para defender su filosofía o bien, quién si Chucho Monge tuvo un coautor al escribir “México lindo y querido”.

Más allá de las capitales recónditas en algún punto del mapamundi, lejos de las fechas cuando se celebraron los mundiales y las Olimpiadas, respondían con tino cosas que, definitivamente, la escuela no enseña. Él, y sus adversarios en el Maratón, fueron otra escuela para mí, una que se daba en la cotidianeidad sabatina de la reunión familiar.

Nadie ha ocupado, hasta ahora, el sitio honorable del Profe Alessio, desconozco si continúa con esa costumbre, sin embargo, se mantiene en la contienda en cada uno de quienes adquirimos el aprendizaje de volver maravilloso lo trivial.

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04 Diciembre 2018 04:00:00
Tocar, atacar
Así como el clima, el tema de los migrantes tuvo ocupado al país por un par de semanas. Se delimitaron los bandos, se aclararon las posturas, se removieron las conciencias y al final casi todos acabamos con un lío ideológico ante la urgencia de colocarnos en algún extremo: a favor o en contra.

Los funcionarios públicos abogaron por la indulgencia plenaria de sus actos; los partidos enarbolaron las banderas emergentes para un posicionamiento favorecedor; las instituciones públicas emitieron discursos neutrales, pero los hijos de vecino, como una servidora, los vimos de cerca, con la mano tendida y el rostro insondable del ajeno, como si los nacionales nos pertenecieran y el resto de la humanidad fuera una desconocida especie.

Los conductores no hemos tenido tiempo de analizar el impacto económico que ocasionará al país el darles un peso o negárselos, sin embargo, ese látigo existencial que nos ha heredado la moral no nos dejará tranquilos el resto de nuestra vida.

Cuando los migrantes piden dinero o comida a través de la ventana del auto, me queda siempre el remordimiento si no doy o si doy muy poco: Quién me dice que tal vez tuve frente a mí al próximo potencial Chopin o a al siguiente Albert Einstein y fui yo el deleznable ser que le negó ese personaje a la humanidad. Si doy mucho –en mis parámetros-, me da un resquemor existencial al pensar que probablemente hoy alimenté a un delincuente en ciernes.

Es una postura difícil decidirse a hacer algo con los migrantes; en todo caso, como hizo Romayne Wheeler, sería más tranquilizador ser migrante y hacer algo con los locales. Este pianista norteamericano quedó a vivir con los tarahumaras en la sierra de Chihuahua, dejando su vida de concertista solo para tres ocasiones al año, cuando sale de ese lugar. Enseña a tocar el piano a los niños rarámuri; hoy, uno de ellos se convirtió en pianista también y va por el mundo mostrando su versión de La danza del venado. Se llama Romeyno Gutiérrez Luna, no sé si es casualidad el nombre, pero si es un reconocimiento de vida, es una buena manera de ser local aunque se inicie migrante.

Entonces, quizá, deberíamos dejar atrás la discusión moral y empezar con la acción fehaciente, eso determinará de mejor manera cuán buenos locales somos o cuán eficientes migrantes podemos ser.


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01 Diciembre 2018 04:02:00
Mi abuela
No tengo abuela; madre, sí. Por mí no quedó, hice algunos intentos pero, de plano, la naturaleza –la mía y la de ellas– no me ha dado oportunidad de contar con una de esas dibujadas en los cuentos infantiles y materializadas en pocas realidades.

Algunos cargan el mote por carentes de antecesora a resultas de su poca ética, abundante maña o manifiesto registro en las ramas del árbol genealógico caprino.  Pero yo, en verdad, no tengo abuela. Tuve tres, pero ya no.

La primera es un mito, una leyenda, ambos andan en mi memoria falsa como historia tan posible como fantástica.  Murió antes de que yo naciera, pero esparció sus pistas vitales por calles, casas, gente y murmullos de dos ciudades; así que la mantengo viva en tanto no descubra, a pie juntillas, si tengo la historia equivocada de una mujer, o la historia de una mujer equivocada.

La segunda me llegó porque Dios y Don Felipe quisieron. Éste la eligió a ojo de pájaro cuando cruzaba a menudo los caminos frente a la huerta en donde ella tejía una cuota diaria, perfectamente medida: hasta consumirse una vela de sebo; esa fue prueba fehaciente de la aplicada esposa que podría encontrar en esa mujer.  Aquel se la llevó porque apenas matrimoniada dejó ganchillos, velas y veladoras para otra menos lista, y ese no fue el trato.

A la tercera la elegí con toda mi conciencia y estas dos benditas orejas tan oídoras que me pertenecen. Escuché sus historias una y otra vez, nunca las mismas, porque a veces eran contadas con la energía del recuerdo, a menudo con el dolor de la añoranza y, últimamente, con el desfiguro de la tristeza.

Sentada frente a la estufa metálica, su cuerpo empequeñecido apenas podía cambiar el sitio para encontrar acomodo en el sillón.  Pero ahí estaba, en el lugar elegido por su voluntad, no la de médicos, hijos prestos o perdidos.  Como sea, los últimos días viajó de la sierra hasta el pueblo, luego amanecía en la ciudad y, a veces, estaba mirando, clarito, la escuela primaria donde hizo hasta tercer grado una y otra vez; dentro de todo, su memoria fue magnánima y le permitió trasladarse a esos sitios con la pura imaginación y  la certeza de una verdad deseada.

De carácter fuerte, organizó su mundo, el de su marido, llevó a los hijos a crecer, así tuviera que desnudar las almohadas para librarlos del frío pendiente siempre en las cabezas de pobres y de campesinos.

Con todo y su yo determinante, un día me animé a pedirla en adopción; dijo que sí, al cabo había conocido a mis abuelos, a los tíos y hasta meció incansablemente a algún primo.

Entonces inauguramos tardes de recuerdos, charlas interminables, cíclicas y fractales sobre un pasado  vigente en su deseo y mi curiosidad.  Detalló lo lejano y lo reciente, lamentó su soledad y alabó la compañía; miró sus manos cansadas de moler, lavar, mecer, servir.

Pero hoy, ya no tengo abuela. Ayer se me ha muerto Doña Quica y, como dijera el viudo don Rafael: pues ni modo qué hacer.
29 Noviembre 2018 04:00:00
Mi abuela
No tengo abuela; madre, sí. Por mí no quedó, hice algunos intentos pero, de plano, la naturaleza –la mía y la de ellas- no me ha dado oportunidad de contar con una de esas dibujadas en los cuentos infantiles y materializadas en pocas realidades.

Algunos cargan el mote por carentes de antecesora a resultas de su poca ética, abundante maña o manifiesto registro en las ramas del árbol genealógico caprino.  Pero yo, en verdad, no tengo abuela. Tuve tres, pero ya no.

La primera es un mito, una leyenda, ambos andan en mi memoria falsa como historia tan posible como fantástica.  Murió antes de que yo naciera, pero esparció sus pistas vitales por calles, casas, gente y murmullos de dos ciudades; así que la mantengo viva en tanto no descubra, a pie juntillas, si tengo la historia equivocada de una mujer, o la historia de una mujer equivocada.

La segunda me llegó porque Dios y don Felipe quisieron.  Este la eligió a ojo de pájaro cuando cruzaba a menudo los caminos frente a la huerta en donde ella tejía una cuota diaria, perfectamente medida: hasta consumirse una vela de sebo; esa fue prueba fehaciente de la aplicada esposa que podría encontrar en esa mujer.  Aquél, se la llevó porque apenas matrimoniada dejó ganchillos, velas y veladoras para otra menos lista, y ese no fue el trato.

A la tercera la elegí con toda mi conciencia y estas dos benditas orejas tan oídoras que me pertenecen. Escuché sus historias una y otra vez, nunca las mismas, porque a veces eran contadas con la energía del recuerdo, a menudo con el dolor de la añoranza y, últimamente, con el desfiguro de la tristeza.

Sentada frente a la estufa metálica, su cuerpo empequeñecido apenas podía cambiar el sitio para encontrar acomodo en el sillón.  Pero ahí estaba, en el lugar elegido por su voluntad, no la de médicos, hijos prestos o perdidos.  Como sea, los últimos días viajó de la sierra hasta el pueblo, luego amanecía en la ciudad y, a veces, estaba mirando, clarito, la escuela primaria donde hizo hasta tercer grado una y otra vez; dentro de todo, su memoria fue magnánima y le permitió trasladarse a esos sitios con la pura imaginación y la certeza de una verdad deseada.

De carácter fuerte, organizó su mundo, el de su marido, llevó a los hijos a crecer, así tuviera que desnudar las almohadas para librarlos del frío pendiente siempre en las cabezas de pobres y de campesinos. Con todo y su yo determinante, un día me animé a pedirla en adopción; dijo que sí, al cabo había conocido a mis abuelos, a los tíos y hasta meció incansablemente a algún primo.

Entonces inauguramos tardes de recuerdos, charlas interminables, cíclicas y fractales sobre un pasado vigente en su deseo y mi curiosidad.  Detalló lo lejano y lo reciente, lamentó su soledad y alabó la compañía; miró sus manos cansadas de moler, lavar, mecer, servir.

Pero hoy, ya no tengo abuela. Ayer se me ha muerto Doña Quica y, como dijera el viudo don Rafael: Pues ni modo qué hacer.

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22 Noviembre 2018 04:00:00
Competente y hablador
Las competencias comunicativas son un estandarte de la educación moderna; su ejercitación, un preocupante tema entre los profesores. A mi ver, ese tema de creer a la primera, no debería servir para ajusticiar a la internet: desde la tía Toña y hasta la fecha, cada quien dio por cierto el mensaje que mejor le acomodó.

El periodismo comunitario fue inaugurado por las primeras mujeres quienes se quedaron en casa, cuando ya no fue necesario salir a cultivar sus alimentos. La mañana era un lapso de valioso intercambio informativo durante el cual, y en tanto los hombres salía a ejercer las exigencias de su género, ellas vertían toda clase de datos a sus congéneres vecinas.

El punto nodal de la noticia, supónganse el embarazo inesperado de Sarita, permitía tantas vertientes como teorías sobre la ingeniería usada por los indígenas americanos para construir sus pirámides. Cada una tomaba la parte valiosa –para sí- de lo escuchado y hacía una interpretación que se volvía, a su vez, verdad absoluta para ser transmitida más delante. Al final, la pobre Sarita quedaba a un pie del cadalso moral cuya guillotina era ejercida mediante la ley del hielo y la compasión.

¿Cuáles eran los filtros para validar la información antes de la internet? Los mismos que ahora: conocimientos previos, prejuicios, preferencias y, en general, muy poco sentido común. Si hoy en día los seres humanos recibimos las versiones del embarazo de Sarita multiplicados por versiones variopintas provenientes de múltiples países, lo natural es que se elija una, tan al azar como lo hacían aquellas vecinas de marras, y se haga propia para luego transmitirla con una inevitable condimentación personal.

Respecto de la educación, la escuela puede esforzarse por enseñar los medios posibles para validar una información científica; sin embargo, si se intenta desarrollar una habilidad infalible para descartar información falaz de las redes cuando de esparcimiento y vida cotidiana se trata, tendremos tantos descalabros que nuestra historia circulará en internet numerosas vertientes de las cuales, cada quien tomará la que mejor le plazca.

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20 Noviembre 2018 04:00:00
Prohibido, trivial y obligatorio
El chiste más colorado que yo conté durante mi niñez se lo debo a Raúl Vale. Contaba el comediante que no tenía la menor intención de volver a Italia por tercera vez, pues la primera, ser homosexual era penado; la segunda, aplaudido, y la tercera, suponía él, sería obligatorio.

Sacando el asunto de la broma, Vale sólo satirizó el círculo real del cual entramos y salimos en todos los temas prohibidos. Tenemos ejemplos en la música, la literatura, el lenguaje y, por supuesto, la homosexualidad: si en Roma antigua no era mal vista, en la contemporánea fue castigada y en la moderna, apologada.

Cuando llegamos a la parte obligatoria, es una forma de llevar al extremo la insistencia social por una causa, una inclinación o una iniciativa. Pongo otro caso muy en boga: el feminismo, del cual es prácticamente imposible sustraerse, pues hombres y mujeres nos vemos impelidos a estar a favor o en contra, pues los de en medio resultan demasiado tibios como para entrar al cielo.

En la música, la zarzuela fue la prima hereje de la ópera, una expresión cultural de la gente vulgar; luego se abrió paso como Juana de Arco, desnuda y todo, para ocupar un sitio entre la música culta. Piense usted en el tango, con una historia similar en lo referente a cultura musical; ahora bien, si la mente le traiciona –como lo está haciendo ahora la mía– y está tirando para ejemplificar con el reguetón, primero prohibido, luego trivial y ahora casi obligatorio, quizá es porque resulta una verdad apabullante.

El lenguaje es el mejor ejemplo que tengo. Mi medio siglo ha visto cómo palabrotas como “menso” pasaron de ser motivo de castigo a comentario cariñoso e inocente; también atestigüé la pérdida de variados adjetivos para llegar a un presente en donde todo, lo bueno y lo abusivo, es “chingón” y nadie lo discute.

Hay genios cuyos descubrimientos requirieron de muchos siglos para ser aceptados como válidos; bueno, pues yo ya le hice los honores a Raúl Vale: esperó nada más 40 años para que su verdad fuera reconocida.




20 Noviembre 2018 04:00:00
Fútbol y filosofía
Política, religión y fUtbol fueron, hasta hoy, temas tabú si quería evitarse una interminable discusión o una fugaz amistad. Del asunto que hoy trato no sé bien a cuál de los tres corresponde pero suele causar el mismo efecto: El infierno y su ubicación precisa sin el auxilio de un GPS.

Aristóteles y Nietzsche, para ejemplificar, serían los contrincantes a este respecto: El primero lo adjudicaba a un poder divino que nos castigaría con él según la maldad en nuestros procedimientos; el segundo, en cambio, dijo que todos los que no somos él conformamos en equipo su insufrible infierno.

En ambos casos, estos señores dijeron que nuestros diablos personales no son responsables de que exista semejante y terrorífico sitio, a final de cuentas un tercero es quien lo provoca. Sin embargo, con todo y sus posturas encontradas sí coinciden en algo los filósofos: No podemos prescindir de esos terceros.

Una parte de la humanidad requiere la existencia de un ser superior, omnipresente y recipiente de todas las razones que los pobres hombres no podemos dilucidar por sí solos; el resto argumenta autosuficiencia en eso de pecar sin necesidad de perdón, sin embargo, se saben dependientes de los demás, sí de todos los que, en conjunto, conformamos esa vorágine que coarta libertades y deseos porque nos negamos a ser y hacer, con precisión, conforme a su voluntad.

Como todo está escrito, seguro lo siguiente alguien lo dijo ya y yo lo creo, fervientemente, en este momento: El infierno es una obra propia y personal, nosotros la construimos a placer y no es tan maléfico como creíamos porque incluso nos da la opción de llevarlo a cuestas o guardarlo en el ropero, como hicieron con la abuela en Cien Años de Soledad y, emulando la historia de García Márquez quien dice que a la difunta mujer la sacaban los niños de vez en cuando para jugar con ella, ¿quién dice que no podríamos hacer lo mismo con nuestro averno personal?

Los humanos vamos armando un edificio de flagelos para autocastigarnos cuando creemos prudente y necesario, estamos indecisos entre aplicarnos la ley islamita, la cristiana, la del talión, la de según sea el caso o la única e irrepetible que debe regir a cada persona, porque somos cada uno y cada día tan diferentes que ninguna constitución axiológica daría en el clavo para llevarnos por el buen camino sin tropiezo cual ninguno.

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13 Noviembre 2018 04:00:00
Como en las fotos
Son invaluables los esfuerzos que hace cada país por lograr que sus zonas turísticas se parezcan, cada vez más, a las fotografías con las cuales anuncian sus maravillas.

Quince años atrás tuve en suerte ser reportera de turismo. Me tocaba establecer enlaces con los gobiernos de los estados para intercambiar servicios de hospedaje y guía a cambio de promoción en las páginas de un diario. Esta actividad me llevó dos años y veinte estados con todos sus municipios.

Más allá de las muchas maravillas prometidas que encontré y las tantas otras descubiertas para el común de los mortales, quedó claro que si un paseante se encamina a un destino, enamorado de las imágenes promocionales, deberá hacer un cálculo preciso para encontrarse con el panorama que tuvo a bien retratar un fotógrafo profesional.

Los edificios, por ejemplo, muestran lo mejor de sus caras en los folletos coloridos e impresos por la Secretaría de Turismo. Si el deseo es encontrar esa luz, ese color, ese contraste y ese detalle, es necesario dar con el horario que aporte la iluminación, el ángulo que incluya la contrastación y el acercamiento físico para dar con lo detallado. En general, lo que yo encontré, fue lo siguiente: es la cámara y no la vista humana, capaz de capturar tales bellezas.

Por esos años me tocó estar en Xochimilco con la finalidad de entrevistar a la viuda de Gabilondo Soler, “Cri Cri”, quien no solo accedió a la charla, sino que dio tanta feria de más sobre la vida personal del hombre y algunos otros detalles, que resultó una publicación reveladora. Una de las historias contadas fue la aversión a volar que padeció el cantautor y, al mismo tiempo, su convicción de que la única manera de conocer lo mejor de un país desde sus mejores ángulos, era hacerlo leyendo National Geographic, revista de la cual acumuló una significativa colección.

Como ven, ahora ya no se trata de capturar lo mejor de un lugar, sino hacer que ese lugar sea tan bueno como alguien lo pueda capturar.


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08 Noviembre 2018 04:00:00
Culto al diablo
Por fin pasó el Día de Muertos. Me gustan los cempasúchiles, gusto del pan de muerto y disfruto del colorido que le ponen a los comerciales alusivos a la muy mexicana tradición de los altares; será porque en el norte no siempre fuimos mexicanos, pero no tengo tan claro cuál festejo me toca: El culto al diablo o la herencia prestada de Quetzalcóatl.

Carlos Pellicer escribió: “El pueblo mexicano tiene dos obsesiones: El gusto por la muerte y el amor a las flores. Antes de que nosotros habláramos castellano, hubo un día del mes consagrado a la muerte; había extraña guerra que llamaron florida y en sangre los altares chorreaban buena suerte”. Es extraño cómo este párrafo no se reprodujo en todos los debates electrónicos que tuvieron foro en redes sociales; sin embargo, si contásemos la cantidad de veces que se aludió a Halloween como culto al diablo, la pelea justa sería un asunto discutible. Como sea, el norte mexicano no pertenece a Estados Unidos y poco se compara con el resto del país.

México está compuesto por tres países: El Sur, el Centro y el Norte; no me detendré a sostener lo que han dicho ya voces autorizadas. Yo puedo dar testimonio del último: El mío no es ese que suspende labores una semana por rendir culto religioso; tampoco encuentra los monumentos construidos por sus antepasados por la sencilla razón de que fueron nómadas. ¿A dónde podrían llevarle flores a sus muertos si quedaban puestos en canastas apenas resguardados en una cueva a merced de los animales?

Por si fuera poco, en esta discusión tan manoseada acabó involucrado hasta Bond, James Bond, y no como agente secreto, sino de un modo bastante procaz. De algún modo los productores supusieron que si había desfile de Parachicos en Chiapas lo habría en todo el territorio nacional y se inventaron el más vistoso paseo de calaveras por las calles mexicanas; tras de eso, organizamos desfiles como si lo hubiese dictado Bernal Díaz del Castillo.

Las tradiciones rebasan los dictados oficiales y las esperanzas turísticas, cada trozo de tierra es un país cuando se trata de festejar o de llorar; discutir por eso es tan vano como entablar una guerra porque unos son blancos y los otros no.

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06 Noviembre 2018 04:00:00
Nuevo de paquete
Descreída soy en lo referente a las estadísticas de pobreza, por lo menos en las mexicanas. Intento comprenderlo, con todas mis ganas, pero no me cuadran los números: Tantos premios facilísimos de ganar y muchos más esperando por uno manteniéndose, mientras tanto, en la aspiración por llegar a la clase alta.

Agradecería me asesore alguien versado en números, pensamiento matemático y cuentas claras, porque a mí se me mueven las cifras y soy más romántica que numérica cuando trato de ponerme a concatenar sorteos, concursos, certámenes y rifas con las muchas personas en nuestro país, cuyas esperanzas se van a la basura junto con los prometedores empaques de sus tantísimas compras.

Dicen que un señor en Veracruz encontró ambas partes de un auto, dibujadas estas en sendas tapas de refresco, las llevó a donde había de llevarlas, llenó formatos y solicitudes, demostró ser quien es y salió en la tele mostrando, orgullosamente, las llaves de su vehículo nuevo de paquete, cuyo costo, vale la pena decir, había ejercido ya comprando cientos de refrescos y pagando otros tantos médicos que controlasen su diabetes.

No tengo ningún sobrino, primo carnal o segundo, tío, cuñado, hermano, entenado, amigo ni enemigo tienen primos, hermanos, entenados, amigos o enemigos quienes conozcan a otros que hayan ganado uno de esos premios millonarios que prometen cuantos productos pasan en la tele.

No dudo, para nada, de la veracidad certificada en esos sorteos, pues sé de cierto que ya los registró Gobernación, dio por buenos el SAT y aceptó el pueblo en pleno, la razón por la cual mis conocidos y los suyos propios siguen tan pobres como esperanzados está relacionado con nuestra mala suerte en el juego… y también en el amor.

Dicen los abuelos: dinero llama dinero. Así, asumo que familias como los Slim, Romero o Gordillo fueron dotados con esa clase de fortuna y, hasta la fecha, ganaron los premios del refresco millonario, el concurso para triunfar en un minuto, fueron reyes por un día y registraron todos sus empaques de maicena, he ahí la génesis de sus fortunas.

Se necesita tiempo, sistematicidad y empeño para lograrlo, eso ha de ser. Siendo así, yo no aspiro a encontrarme siquiera un Gansito gratis cuando compre Bimbuñuelos.

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03 Noviembre 2018 04:00:00
Invisible
Volverse invisible es un sueño común entre niños, jóvenes, delincuentes y madres con más de un hijo o uno solo pero adolescente. Hay recetas históricas practicadas por brujas, hechiceros, científicos y directores de cine; hasta ahora, solo ha funcionado esa que dicta la mercadotecnia.

Un señor, el otro día, se echó limón en la cara y llegó a la lúcida conclusión de que ese ingrediente lo habría vuelto invisible; así las cosas, fue a robar un banco. Ya con la Policía encima, afirmó haber corroborado su teoría al mirar su borrosa imagen en un espejo justo tras vaciarse una taza de jugo en la cara y, por supuesto, los ojos. Desconozco si al final cayó en la cuenta correcta.

Luego ciertos investigadores inventaron la capa de invisibilidad, solo requería que el individuo metido en ella desviara los fotones chocando contra su cuerpo; como eso no fue posible, proyectaron la imagen de una pared trasera al frente del conejillo de indias. Dejó de verse, es cierto, pero invisible no se volvió.

En realidad hubo quien, en 1949, dio al clavo con la solución: Bob Dylan. En su canción “Like a rolling Stone” la última estrofa dice: “No puedes negarte cuando no tienes nada, no tienes nada que perder, ahora eres invisible, no tienes ningún secreto que ocultar”. Se refería a una mujer quien, tras tenerlo todo, se volvió mendiga y desapareció de los escenarios en una sociedad que rinde culto a la opulencia.

Convertirse alguien a las filas de la miseria es un acto quiromántico para volverse transparente; los pobres son uno mismo, no hay una cara particular que les corresponda. Ahora bien, el extremo opuesto también vuelve invisible.

La mercadotecnia dicta, paso a paso, cómo vestir, calzar, lucir para ser únicos; al final, entre tantos únicos todos acaban por ser iguales. Lo dijo con todas sus letras Síndrome, el villano en la película “Los increíbles”: Cuando todos tengan armas especiales, ya nadie lo será.

Como se ve, la fórmula para volverse invisible no es tan complicada, lo difícil, en realidad, es tratar de ser diferente, pues eso nos convierte en blanco fácil.


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02 Noviembre 2018 04:00:00
Muerto del rancho
A la distancia, los panteones pueblerinos parecen todos iguales. No es así, cada uno tiene sus historias propias y las formas heredadas por la costumbre local para recordar a sus parientes apresurados en comprobar la realidad de su fe. Pero algo ha venido a cambiar esos bonitos modos.

En el pasado, sepultar a los muertos consistía en volverlos a la tierra, entregarlos a la naturaleza que se encargaría de darles vida nuevamente: la mitad en el cielo, la otra mitad, en la tierra misma. Los pobres sabían, solo en esos momentos, que eran exactamente iguales a los ricos, pues unos y otros florecían tal cual en las mismas flores.

Pero antaño había algo diferente a hoy: vivos y muertos quedaban avecindados en el mismo pueblo. Ahora, a veces ventaja a veces no, los más jóvenes emigran a las ciudades para vivir y regresan, ya grandes, a los ranchos para morir. Entonces la gente nueva se empeña en dar reflectores a su cariño ya no dejando que la tierra les florezca a sus difuntos, sino dejándole muerta bajo placas de cemento.

Los panteones de los pueblos chicos apenas emergen de la tierra; en los pueblos grandes, la vista abierta se ve coartada por construcciones de simples a suntuosas pero todas, eso sí, innecesarias. Las flores, entonces, son de papel y tela a falta de sustrato.

El otro día que fui al rancho, pregunté sí yo, hija adoptiva de ese lugar, podría aspirar a morir por siempre en su panteón. Me dijeron que sí. Pero yo, limosnera y con garrote, les pedí de favor y en última voluntad, no me pudiera techos ni columnas, no quería ventanas ni muretes a los lados. ¿Para qué si uno busca estar mirando siempre la limpidez del cielo y la oscuridad del suelo que allá viven todavía?

Hay algunas tumbas envueltas en baldosas, con rejas en los vanos y puertas de metal frente a las cruces. Y donde que nadie entra a molestar muertos ajenos en los ranchos. No entiendo tanto empeño en un lugar de donde nadie se puede salir y nadie se quiere meter.

Yo, la mera verdad, sí quisiera, aunque sea hasta entonces, después de muerta, ser libre para andar del tingo al tango, aunque sea con la mirada.

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01 Noviembre 2018 04:00:00
Amor de hombre
Si ustedes no han conocido el amor más grande entre dos hombres, amor de esos que no pretenden ocultar nada de su profundidad y sus pretensiones, ahora mismo yo se los presento. No encontrarán alusiones sexuales, tampoco esperen cultivar su morbo con chismes de espectáculos, en realidad quisiera hablar de poesía.

Hace unos días celebramos el nacimiento de Miguel Hernández, nacido en 1910, en España, y muerto allá mismo en 1942, preso a causa de sus palabras. No lo mató Franco por arriero, ni por analfabeta, ni por campesino; lo mató por ser poeta.

No alcanzó siquiera a perder un rostro infantil, cuya inocencia contenía un profundo sentido del deber, la moral y el amor fraternal por sus amigos. Su infinito amor por los amigos, quienes no solo lo enseñaron a leer y escribir, sino a luchar con las palabras, no empañó su imagen de amoroso padre y esposo de la panadera más cálida de la lírica, y sin embargo, real.

Estos fragmentos de Elegía, escrita a la muerte de su amigo Ramón Sijé, dan fe de cuanto digo:

Yo quiero ser llorando el hortelano/ de la tierra que ocupas y estercolas /compañero del alma, tan temprano… Tanto dolor se agrupa en mi costado / que por doler me duele hasta el aliento. / No hay extensión más grande que mi herida, /lloro mi desventura y sus conjuntos /y siento más tu muerte que mi vida.../Quiero escarbar la tierra con los dientes, / quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. / Quiero minar la tierra hasta encontrarte/ y besarte la noble calavera / y desamordazarte y regresarte.

Si la muerte de Ramón Sijé era ya pasto suficiente para la pena, la suya propia, tan anunciada tras las rejas, le inspiró todavía más amor hacia otro hombre: su bebé de unos meses, a quien nunca pudo ver más.

Tu risa me hace libre, / me pone alas. / Soledades me quita, / cárcel me arranca. / Boca que vuela, / corazón que en tus labios / relampaguea. / Es tu risa la espada /más victoriosa. / Vencedor de las flores / y las alondras. / Rival del sol. / Porvenir de mis huesos / y de mi amor.

Esto es, a mi ver, amor de hombre.

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31 Octubre 2018 01:15:00
El mundo me vigila
Si a usted le agobia saber que la esperanza que tenemos cada uno de los 120 millones de mexicanos de ser elegido para aparecer en Big Brother es de 0.0000000120, le tengo buenas noticias: ya nos tocó a todos solo que nadie nos dio la alerta.

Cuando Pedro Ferriz Santacruz afirmaba cada noche que un mundo nos vigila, los adultos interpretaban su referencia a seres extraterrestres echándonos encima su único y pegajoso globo ocular; yo, en cambio, siendo niña no tenía más elementos de traducción que pensar lo siguiente: se refería al ojo avizor de Doña Elvia, la vecina.

Ella tenía un sistema cargado de diplomacia y ahíto de discreción desde el cual dejaba al aludido con desazón suficiente para responder un inocente “gracias” a sus comentarios. Más de una vez se acercó para decirme cuánto le encantó mi vestido color crema con moñitos rojos, el cual vestía yo la otra noche, ya muy tarde, cuando llegué a mi casa acompañada de ese muchacho morenito a quien ya había traído antes como dos o tres veces, pero de día.

Podría jurar que Google, quien nos adscribió a todos los mortales en su reality show, hizo grupos focales con todas las vecinas del mundo para copiar sus estrategias y saber el santo y seña de cuanto uno quiere, pide, sugiere, piensa y desea.

Así lo evidencia la pérdida de intimidad que debemos de pagar los usuarios de redes sociales porque ahora es un robot que suma todos los ojos de todas las vecinas convirtiendo el derecho a la privacidad en la mentira más redonda que conozco.

Si se me quemaron los huevos, Innova llama a mi celular para ofrecerme las ollas con recubierta a prueba de olvidos; si compré un boleto de avión, dos compañías me buscan. A esto se sobrevive con fuerza de voluntad y una autoestima a toda prueba, pues si mi viaje es a la Ciudad de México, las ofertas de vuelos que me mandan tienen destinos a Cuba o Islas Caimán; si adquirí ropa para vacacionar con mi tía de Durango, enseguida un demonio mercadológico me hacen llegar cierto artículo sobre cómo vestir si se me ocurre ir al Cairo, Ginebra o al desierto Saudí.

No pienso en alcanzar los precios para ir a África, ni siquiera me alcanza para comprar la ropa, pero mi autoestima se siente menos lastimada al saber que al menos el Big Brother de Google me ha tomado en cuenta sin que sea yo rubia, boquifloja ni copa talla C.


30 Octubre 2018 04:00:00
El mundo me vigila
Si a usted le agobia saber que la esperanza que tenemos cada uno de los 120 millones de mexicanos de ser elegido para aparecer en Big Brother es de 0.0000000120, le tengo buenas noticias: Ya nos tocó a todos solo que nadie nos dio la alerta.

Cuando Pedro Ferriz Santacruz afirmaba cada noche que un mundo nos vigila, los adultos interpretaban su referencia a seres extraterrestres echándonos encima su único y pegajoso globo ocular; yo, en cambio, siendo niña no tenía más elementos de traducción que pensar lo siguiente: Se refería al ojo avizor de Doña Elvia, la vecina.

Ella tenía un sistema cargado de diplomacia y ahíto de discreción desde el cual dejaba al aludido con desazón suficiente para responder un inocente “gracias” a sus comentarios. Más de una vez se acercó para decirme cuánto le encantó mi vestido color crema con moñitos rojos, el cual vestía yo la otra noche, ya muy tarde, cuando llegué a mi casa acompañada de ese muchacho morenito a quien ya había traído antes como dos o tres veces, pero de día.

Podría jurar que Google, quien nos adscribió a todos los mortales en su reality show, hizo grupos focales con todas las vecinas del mundo para copiar sus estrategias y saber el santo y seña de cuanto uno quiere, pide, sugiere, piensa y desea. Así lo evidencia la pérdida de intimidad que debemos de pagar los usuarios de redes sociales porque ahora es un robot que suma todos los ojos de todas las vecinas convirtiendo el derecho a la privacidad en la mentira más redonda que conozco.

Si se me quemaron los huevos, Innova llama a mi celular para ofrecerme las ollas con recubierta a prueba de olvidos; si compré un boleto de avión, dos compañías me buscan. A esto se sobrevive con fuerza de voluntad y una autoestima a toda prueba, pues si mi viaje es a la Ciudad de México, las ofertas de vuelos que me mandan tienen destinos a Cuba o Islas Caimán; si adquirí ropa para vacacionar con mi tía de Durango, enseguida un demonio mercadológico me hacen llegar cierto artículo sobre cómo vestir si se me ocurre ir al Cairo, Ginebra o al desierto Saudí.

No pienso en alcanzar los precios para ir a África, ni siquiera me alcanza para comprar la ropa, pero mi autoestima se siente menos lastimada al saber que al menos el Big Brother de Google me ha tomado en cuenta sin que sea yo rubia, boquifloja ni copa talla C.

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27 Octubre 2018 04:00:00
Buen ver
No somos nosotras, es el aparatito. No se trata de buscar una marca mejor, sino de colocarlo en el sitio idóneo para empezar a ver los resultados; en conclusión, tener el cuerpo perfecto entrenando en casa solo sucede si se vive frente a la playa, en un departamento lujoso y el resto es menos que un chiste.

Eso es lo único entendible en la venta por televisión de aparatos para ejercitarse, en donde el equivocado es un hombre gordo a conciencia, pedaleando bicicleta fija inquisitoria, y la inteligente es una chica 90-60-90 dándole a los abdominales en una máquina moderna y sencillita. Se pasa por alto estos detalles vivirá la siguiente odisea.

El comercial mostraba su producto bien instalado en una recámara amplia y luminosa. En la mía, apenas cabemos la cama y yo; pedalear ahí exigía cortarle un trozo a la base matrimonial, mandar levantarle las patas para guardar el armatoste debajo y hacer más grande la ventana, porque las construcciones modernas están inspiradas en Pakimé y sus ruinas prehispánicas a prueba de todo intruso pasado de peso.

La cama quedó bastante rara; di por hecho que no podría resolverlo sin ampliar la habitación. Terminada la obra, vine a ver qué hacía afuera, la ventana ofrecía dos geranios, un listón y tres helechos, además de la lavadora, la ropa tendida y el perro tirando la basura. Ese no era el panorama en la televisión: Regalé las plantas, cubrí la lavadora y regalé al perro, pero no vi ningún fruto de ello.

Compré un tiempo compartido en la playa. Ya en la costa, acomodé el ejercitador y empecé a darle duro al oficio. Pero faltaba una cosa: La tele enfrente, pues el anunciador mencionó, entre las ventajas, bajar de peso en tanto me informaba yo; lo único que no supe fue el canal que ella veía, pero le puse en las noticias. Solo faltaba el espejo gigante.

Lo puse frente a mí y pedaleé. Una imagen terrible apareció: Era yo y en nada me parecía a la muchacha, lo cual no entiendo porque compré el mismo color de ropa deportiva, los tenis, la liga en la coleta, me alacié el cabello y lo teñí de rubio.

Volví a casa. No pude devolver el aparato, ahora convertido en extraño perchero; compré otra cama y otro perro; respecto de lo que perdí, gramos, ninguno; dinero, muchísimo.


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25 Octubre 2018 04:00:00
Tan tonta
No es fácil discernir entre ser inteligente o bella. La modernidad, sabemos, nos da la posibilidad de adquirir estos atributos –no simultáneos, sino a elección- por medios impensables; así que los bebés pueden relajarse porque hoy la máxima “lo que natura no da, Salamanca no presta” es obsoleta.

Como pueden ver, aún no me decido. Mantengo mis posibilidades en el limbo por la tendenciosa influencia de algunas amigas, quienes afirman que es mejor ser inteligente que bonita. Pero tengo mis reservas, pues ya quisiera yo tener la inteligencia de Ninel Conde para haber decidido, mejor, ser bonita.

¿Qué me conviene, en realidad? Vamos por partes. Una profesora bonita tiene más posibilidades para dejar de serlo; sin embargo, me gusta lidiar con los alumnos. Una articulista guapa sería un desperdicio, pues los lectores nos quieren tras la pantalla cada vez más; sería un gasto innecesario.

Ahora bien, el asunto será determinar la finalidad de ser bonita o ser inteligente. La segunda sirve, eso es claro, para que la mujer sea autosuficiente, decidida, resolutiva, emprendedora, incansable; la primera, para encontrar a alguien que haga todo eso por ella.

Vuelvo al principio: se necesita mucho seso para elegir entre senos o cosenos. Si quisiera ser bonita, he de ser tan inteligente y producir suficiente capital para transformar mi apariencia que, bien vista, no es fea, sino linda, pero poco. Quizá esto es muestra de cuánto la belleza es directamente proporcional a la capacidad intelectual; saque usted sus conclusiones sobre todos mis coeficientes.

Las encuestas arrojan resultados nefastos para nuestra estabilidad mental: a los hombres les gustan bonitas al conocerlas, pero luego las quieren inteligentes porque, como diría San José José: Hasta la belleza cansa. Es decir, eso nos enfrenta a encontrar la forma de parecer bellas durante seis meses en inteligentes el resto de nuestra vida. ¿Entienden la dificultan que en ello estriba?
Yo equivoqué mi camino: traté de ser inteligente medio siglo; ahora que no lo consigo, busco la hermosura, pero para ello deberé encontrar la piedra filosofal para mi transformación o provocar una explosión tóxica para volver invidentes a todos los caballeros.

¿Qué prefiere usted, amiga mía? Haré mi propia encuesta como esas pre electorales; preguntaré y preguntaré hasta encontrar un resultado satisfactorio a mis intereses: el 99.9 % de las personas dirán que lo mejor de todo es ser linda, pero no tanto y no tan tonta.
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23 Octubre 2018 04:00:00
Cara o champiñón
Hace unos días vi la más inverosímil transacción entre un novel empresario y tres tiburones financieros mexicanos: El primero llegó a vender una agenda con tantos renglones como minutos tiene la vida a fin de organizar el éxito paso a; enseguida, tres de los inversores le hicieron ofertas tentadoras. Inicialmente me reí, pero ahora que pienso en los champiñones sé cuanta falta me hace uno de esos cuadernos.

El ser humano ha dedicado su existencia a encontrar las maneras de tragarse cuanto le rodea, desde los peces hasta el oro, desde las rocas hasta a su misma especie; si consideramos el tiempo que nos ha llevado ser empáticos con los hongos, en su lugar alguien hubiese ya inventado la vacuna contra el cáncer.

La agenda de marras debería tener un apartado para cuando se planea cocinar champiñones; ese día se elige limpieza facial en un rapidín miserable con crema desmaquillante porque el proceso de quitarle lo maligno a nuestra comida habrá consumido el resto del tiempo.

Ya conocía algunas tiranías de los hongos: Se limpian con un trapo húmedo; hemos de quitarles la piel con las puntas de los dedos para no romperlos y mandar la tierra superficial al interior de la pieza. Navegando en internet, me encuentro con algoritmos completos que indicen: Corte el tronco, humedezca un paño, elimine el exceso de humedad, limpie el champiñón, talle con un cepillo de dientes, pase a velocidad de la luz, todas las piezas en un colador bajo el chorro del agua. Advertencia: Agite mientras pasa el traste.

Con harina y limón, dice otra vía: Hacer una pasta con ambos ingredientes y tallar la pieza con ella. Algunos afirman que basta con el harina y otros, en cambio, con el limón o, más amarrado aún, con una gota de cloro en el agua donde se remojará el trapo con el cual se limpiará el champiñón.

Hay propuestas que incluyen peladores de papas, trapos de microfibra, rociadores de agua especiales. Nada más de leerlas, ya usted ocupó un tiempo precioso que bien le hubiera servido para cambiar de menú.


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20 Octubre 2018 04:00:00
Mientras dormías
Sandra Bullock fue mi actriz favorita de “Mientras Dormías” a “Miss Simpatía I”. En la primera, es una chica clasemediera enamorada de un pasajero quien a diario toma el tren en la estación donde ella expende boletos y se accidenta en las vías, suceso tras el que ella genera una confusión al pensar en voz alta, “nos íbamos a casar”. El enredo y el esclarecimiento suceden mientras el galán permanecía sin sentido, es decir, casi toda la película, tal como pasa a muchas esposas en el guión doméstico cotidiano.

Algunas mujeres empoderadas se arman con valor extremo y deciden, un día a la semana, por la mañana, al marchar los hijos a la escuela, dejar esa pesada tarea al marido. Que ellos despierten a los niños o adolescentes a tiempo y los entreguen, en horario correcto, en la escuela; todo eso son capaces las damas valientes de cederles a los hombres con tal de refirmar la igualdad de género.

La intención es permanecer impasibles en cama, haciéndose las dormidas, pues es su mañana libre; sin embargo, hay un despertador a volumen bajo por si el usado por el consorte no funciona. El lonche quedó preparado desde la noche anterior, pero el oído se agudiza desde la recamara para asegurarse de cómo crujió la bolsa del alimento al ser depositada dentro de la mochila; peor nada más, pues el resto del trabajo le toca al señor.

Como sea, es importante corroborar el uniforme correcto, si los chicos llevan suéter y pusieron el libro tocante, la tarea correcta y el frasco con aceite para la clase de Química. Por lo demás, están dispuestas a dejar caer sobre la espalda del esposo la responsabilidad que resta: despertar a los hijos y llevarlos a la escuela.

De todos modos, haciéndose con una modorrez fingida, esas madres liberadas exigen una visita de despedida hasta la cama. Quienes están por irse –incluido el marido- desfilan ante ellas para escuchar las recomendaciones consabidas y responder un exhaustivo interrogatorio sobre la ropa interior, el examen por venir y el calificar los fluidos nasales de todos y su estatus. Cuanto falte, le toca al hombre: Despertarlos y llevarlos a la escuela.

El resto de la semana, la mujer se levanta disparada y hace todo lo anteriormente descrito pero en primera persona. El esposo, mientras tanto, duerme sin saber cuántas historias corren cerca de él.

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18 Octubre 2018 04:00:00
Son los mocos
Es un viaje interpersonal, un estallido introspectivo; es quedarse con uno mismo. Vivirla en plenitud, con aceptación, nos llevará a modelar una forma de existencia individual, no gregaria, pues aún queriendo oír no se escucha; aún queriendo ver no se observa; aún dispuestos a percibir los aromas vitales en nuestro contexto, no se huele más allá de nuestros propias emanaciones.

Pasar el trance nos evoca, como si el futuro pudiese enviarnos señal alguna, el momento cuando en nuestro derredor gimen por nuestra ausencia: Las voces llegan de algún sitio más allá de nuestro alcance, nada es exactamente real, las figuras pululan como almas en pena en nuestro derredor y alguien, a lo lejos, se burla de la vida o de la muerte con una carcajada cuyos decibeles nos llegan retumbando a la caja hueca en que nos hemos convertido.

Llorar no es viable, ya nuestro cuerpo se encarga de exponer nuestros humores al peligro de la intemperie, desoyendo la voluntad extinta de nuestro cerebro obnubilado por nubes apeñuscadas entre las neuronas adormecidas, declaradas en franca derrota por el enemigo.

Nadie es salvo. Es la antítesis de la vitalidad; sin ella, no podríamos comprender cuán maravilloso es valerse por sí mismo sin andar dejando parte a parte nuestro cuerpo entero por donde erramos a placer cuando todos nuestros sentidos están dispuestos a mostrarnos a la gente como un ser humano, y no como despojo.

Cuán terrible es el destino del hombre, aferrado a sobrevivir en un mundo que se empeña en extinguirnos sin hacer distinción de seres inferiores o superiores, pues, al fin y al cabo, siempre acabamos sucumbiendo a la amenaza sempiterna que flota en el aire. Sí, con eso basta para ser presa fácil de algún virus o bacteria.

Yo, por ejemplo, como acabo de describirlo, traigo una gripe que mejor ya ni les cuento.


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16 Octubre 2018 04:00:00
Ancho de espalda
Desconozco los métodos de selección en la política. No sé si, como en los sindicatos, los futuros servidores públicos tengan acceso a puestos importantes trabajando con el sudor de sus padres, es decir, por herencia de plazas. Algo sí tengo por cierto: para ser político, funcionario, servidor público, es menester tener una espalda platónica.

Platón quiere decir “de espalda ancha”. Imagino yo que el filósofo griego ostentaba hombre fuerte, músculo grande y enorme cabeza. En el caso de los políticos, nada más se requeriría el anchor de espalda, lo demás puede perdonarse.

Digo esto porque me llama la atención el saludo obligado entre estos personajes.

No importa en donde se encuentren, los varones secuestrados por la función pública, se saludan de piquete de ombligo y un abrazo sonoro. Es decir, si uno no le aplaude la espalda al otro, deja mucho que desear respecto de sus cualidades para cumplir funciones asignadas por presidentes y gobernadores.

El sonido tras los golpazos en el otros posterior son secos, producto del empalme necesario entre camiseta, camisa y saco, no hay de otra. De alguna manera, esta vestimenta uniformada responde al requisito del ruidoso saludo: Resistir el trancazo.

En conclusión, si no suena, no es saludo ni es político, y la única razón que se me ocurre para ello es llamar la atención, marcar territorio, como lo hacen los caninos, firmar cada vez el pacto discrecional de “todo sigue entre nosotros”.

Así como los profesores –los de a de veras- tienen una alta incidencia de padecimientos faríngeos, debo suponer que los políticos adquieren seguros contra el derrengue espaldar, el estado postemado, lesión en las cervicales superiores y angina de pecho, producto de la vibración generada por las palmadas amigas.

Le propongo un ejercicio visual: cuando coincida con un político conocido en evento público, ceremonia, aeropuerto, ponga atención a los rituales. Apenas se ven, ambos deberán exagerar el gesto de emoción por el encuentro, como si uno de ellos hubiese estado náufrago por siete años y volvió con vida; luego levantan la voz y profieren un “hola” engolado de afectación. Ambos estiran sus deditos y entiesan las manos preparando el golpe; abren los brazos y aceleran su camino hasta el encuentro final con el homólogo.

Es curioso, pero el otro día, en un aeropuerto, me tocó presenciar el espectáculo y me acordé mucho de los pavorreales que tienen en el rancho.

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13 Octubre 2018 04:00:00
La vida en bra
Leí un cuento no ese nombre: El brasier de mamá. La protagonista es una niña quien observa cómo, mientras ella crecía, un cambio importante sucedía en el tendedero con la ropa interior de su madre: Dejaron de secarse al sol sus sostenes, porque tenía cáncer de seno.

La palabra explícita, en español latino, es una novedad en las ediciones mexicanas. Hablar de un brasier era tan impropio que se tomaba la usanza española de sostén; es más, algunas editoriales en el país publican historias de connacionales usando términos como bragas, porque decir calzones –con perdón- era un escándalo.

Dos cosas llamaron mi atención al leer ese cuento de Edmeé Pardo: La naturalidad con el cual usa un lenguaje accesible a los niños y, sobre todo, la recomendación claramente indicada para que las niñas que hacen la primaria aprendan a hacer la autoexploración para detectar signos de cáncer.

El incremento en el cáncer infantil es un jinete del Apocalipsis que se lleva por lo menos a dos mil niños al año, aunque los casos llegan a sumar hasta cinco mil, convirtiéndose en la primera causa de muerte. Si leemos con curiosidad las causas principales en los decesos del siglo pasado, a lo más abundarían las fiebres y los accidentes.

No parece natural ver morir a un niño que nació sano y sin tendencias genéticas, porque es irrefutable que la forma de vida social los está llevando a la muerte a temprana edad. Sin embargo, si la realidad nos está atropellando, resulta excelente que las cosas se llamen por su nombre y empecemos a ser conscientes de los riesgos para ser responsables de nosotros mismos lo antes posible.

He visto mujeres adultas, académicas incluso, escandalizadas porque he osado publicar historias de mis calzones, pero no me tocó estar cerca de ellas cuando plantearon sus propuestas para encarar un presente en el cual, lo peor que podemos enseñar a nuestros hijos es tener miedo a las palabras y los mundos que encierra cada una de ellas.


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11 Octubre 2018 04:00:00
Fue Bond, James Bond
Antes del Agente 007 no sucedía, debimos esperar hasta que se llevó a escena un acto monumentalmente colorido sobre el Día de Muertos para hacer de casi todo un buen desfile

La palabra parade está en el léxico básico para la enseñanza del inglés. Fue inexplicable para mí el tener que repetir oraciones en donde ver pasar un desfile era cosa ordinaria, hasta que James Bond hizo la gracia de explicarlo, y es a razón de cómo en Estados Unidos casi todo es motivo para salir a la calle con disfraces, monotes y ruidos.

Lo más reciente en México, después de inventarnos el muy lindo carnaval de las catrinas, es el evento callejero de la mariposa Monarca. Aunque muy similares las vestimentas y los maquillajes, sí se puso un toque particular para resaltar las características de este insecto emblemático para nuestro país.

Cuando niña, el pretexto único para hacer un desfile, en mi limitado entender, era la celebración del 20 de noviembre. Acompañada de mi mamá, caminábamos las pocas cuadras que nos separaban de la ruta deportiva, a lo largo de la cual cientos de estudiantes, soldados, policías y muchos otros voluntarios hacían piruetas a pie o a caballo, danzaban, tocaban en banda o se lucían en las poses marciales que el orden porfiriano heredó a nuestro presente. Los otros desfiles oficiales no tenían mayor atractivo para mi niñez.

Me gusta la manera como los norteamericanos nos trajeron el cliché de sus paradas, dijeran los españoles. Una manera de exaltar la identidad, lo propio e irrepetible en la cual todos los participantes acuden con el mismo fin, no como representantes de equipos contrarios o para medir fuerzas en competencia.

Para continuar con las buenas ideas, National Geographic puso en circulación un video en donde aparecen hombres, mujeres y niños, todos altivos interactuando con las mariposas. Las personas tienen pintado el rostro con los colores característicos de estas y las ropas se portan con dignidad natural.

James Bond me gusta, también por el asunto de los desfiles.


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09 Octubre 2018 04:00:00
Los empeños
Tuve un vecino quien llegó a la edad de 104 años. En épocas del Génesis, esto hubiese sido morir en la pubertad; en la edad Media, un exceso de existencia, y hoy en día, cierta excentricidad deseada por la mayoría.

Digo la mayoría porque no todos los seres humanos tenemos entre nuestros tres deseos fantásticos –si acaso aparece un genio en la botella- llegar siquiera al centenario; ochenta serían bastantes siempre y cuando fuesen bien vividos.

Reconozco que la tendencia humana es hacia la avaricia en lo referente a la edad, de ello dan fe rituales varios y métodos mil, desde el pacto con algún demonio hasta la inversión millonaria en medicamentos antienvejecimiento. De los primeros, el único ser palpable como resultado feliz de semejante acto es Tongolele; de los segundos, la ciencia dirá que los resultados de este tipo se verán en las siguientes generaciones.

El problema, hasta donde yo lo puedo ver, es que hay algo funcionando muy mal en ese acrecentamiento de la esperanza vital: Hoy se nos están muriendo más niños y jóvenes que tres generaciones atrás.

Quienes nacimos cincuenta años atrás, más o menos, contamos con una rama genealógica que falleció muy cerca de los cien; sin embargo, quienes vinieron con el siglo, tienen terribles historias por contar respecto de familiares cercanísimos caídos sin llegar a la adultez.

Según las revista científicas, en unos cuantos meses iniciarán las pruebas con una píldora antienvejecimiento desarrollada por cierto grupo europeo de científicos; sería interesante saber cómo funcionará, pero me temo que no veré esos resultados, claro está, si funciona. Lo digo porque si lo aplican a jóvenes que se matan por usar el celular mientras conducen o por abordar un auto con un chofer borracho, o bien, si resulta ser asesinado por un loco que dispara contra estudiantes, o quizá sea el loco agresor que luego se suicida, entonces no creo que la píldora tenga éxito.

Me gusta imaginar lo siguiente: Al mismo tiempo que el método antienvejecimiento se desarrolla un fármaco contra la estupidez.


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06 Octubre 2018 04:00:00
Arriba juan
La liberación femenina trajo consigo una muy bonita falacia: desafanarnos de los hijos por muy diversos caminos, que eventualmente se nos vuelven laberinto.

Y digo falacia porque, a final de cuentas, todo lugar que el ingenio humano ha creado para guardar a los hijos se convierte en otro factor de estrés: las tareas son compartidas con los padres, los compañeritos de salón cumplen años dos veces al día y hay que surtirlos de regalos; cuando es el propio el cumpleañero, necesariamente tenemos que organizarle una fiesta so pena de gastar un dineral en sicología postraumática.

El abanico de oportunidades para deshacernos de los niños sí que se abrió, no sé si por trámite de Derechos Humanos o el nuevo AEMUC. Tenemos una lista considerable cuyo mérito principal es regalarnos un momento de solaz y tranquilidad existencial, un ratito para recordar quiénes somos realmente y para qué venimos al mundo sin que nadie grite ¡mamaaaaaa!

Las niñeras tarde o temprano se vuelven piedra en el zapato. El kínder fue el primer paraíso para dejar a nuestros tormentos, pero esperar hasta los cuatro o cinco años era demasiado. Vinieron las guarderías: los aceptaban primero con la condición de que fueran solos al baño y comieran solo con la boca, la de la cara, no la del estómago. Ampliaron el rango poco a poco hasta aceptarlos a los 20 días de nacido. (En un futuro próximo la madre puede ir a parir ahí y el bebé será recibido con una canción de Pepa).

Las tías y las abuelas juegan un papel importante en el ajo. Hace una generación apenas, las abuelitas se jactaban de criar hasta tres generaciones: la propia, los nietos y a veces los bisnietos venían a hacerle cosas a sus macetas cuando por razones de viruela o escarlatina la guardería les cancelaba el pase. Las tías –antes había una soltera involuntaria en la familia- acabaron convirtiéndose en segundas madres, o en primeras porque los chicos pasaban tanto tiempo con ellas que la mamá se llamaba Margarita a secas.

Hoy en día, todo irá bien siempre y cuando el niño no presente erupción, porque la guardería llama a la abuela, quien va y lo deja con la tía porque ella tiene café con las amigas; misma tía que lo deja con la señora de la tienda para ir nosotras a recogerlo etiquetado y todo.

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06 Octubre 2018 03:00:00
Mamá Lía
La evolución humana dinamizada por una impensable capacidad de adaptación a las circunstancias naturales y artificiosas, no es otra cosa que una imitación pobre de una madre resolviendo problemas cotidianos de la vida.

Las manos maternas debieron ser modelo para fabricar las primeras herramientas de labranza, las incipientes armas de defensa, los primitivos albores de la quiropraxia y las iniciales técnicas de masaje por roce, fricción o percusión, sacudida, torsión y pellizcamiento, sobre todo estas últimas.

Ahora venden unas palitas chicas con su rastrillo pequeño, muy monos, para hacer de hortelana o floricultora, pero antes las madres ahuecaban la mano y nos mostraban cómo llenar de tierra un recipiente para colocarles la naciente planta en el centro. Con esas mismas manos nos cargaban en vilo para separarnos del peligro, o bien, nos llevaban a buen resguardo para sanar torceduras, sobar golpes, tapar heridas, percutir castigos en las nalgas, retorcer la piel en respuesta al mal comportamiento o sacudirnos hasta el alma con el dedo índice muy alzado.

Así como hoy el ser humano teme al avance en la generación de androides, en su momento la sociedad debió satanizar a las madres, hacerlas parecer muy sospechosas, porque en una sola habitaba un confesor, un soldado, dos policías y un médico con su enfermera. Es muy probable que esta versatilidad femenina fuese la que incentivaba a los ignorantes a señalarlas como poseídas.

De haber sido la Inquisición en estos tiempos, no habría una sola mujer sobre la tierra, porque esa aparente ubicuidad para estar ahora aquí y en cinco minutos coreando porras de futbol y enseguida emperifolladas para la reunión, daría material bastante y suficiente para ser procesadas bajo evidencias que, por si fuera poco, las recopila la bruja misma en su celular, aparato demoniaco por demás.

No es raro dar con historias de instrumentos desarrollados para un uso y aplicados exitosamente en otros muy distintos. Así es este capítulo de las manos maternas, y lo llamo capítulo porque tanto o más podríamos decir de los brazos, los pies, los hombros o el corazón.


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04 Octubre 2018 04:00:00
Los calzones en la mano
Las invitaciones lo advertían claramente, se debía llegar a la fiesta con los calzones en la mano. Hará unos quince años cuando estas indicaciones eran las más comunes para llegar, como Dios mandaba, a una despedida de soltera.

El aviso encerraba una serie de mensajes ocultos, mujerísimos –con perdón de la Real- y oscuros por demás, de entrada, refería a presentar bien visible la tarjetita cuya forma iba de la tanga al bikini. Si la invitación tenía forma de ropa interior, una podía esperarse cualquier cosa durante el festejo.

Me costaba un trabajo bárbaro compartir con mis amigas casaderas este tipo de reuniones, pues solían ocupar esas dos horas en llevar la peladez hasta la ignominia y la exacerbación. (También había las despedidas espirituales, pero esas las organizaba después la mamá de la novia).

Apenas entraba una a la casa, porque no eran reuniones para rentar salón, y una furiosa jauría de mujeres desorbitadas se abalanzaba sobre las invitadas para colgarnos pequeñísimas figuras alusivas al próximo matrimonio, y no eran precisamente palotes de las tortillas.

Los juegos dirigidos por la organizadora, que solía ser la compañera de oficina con mayor edad o más matrimonios en su lista, coloreaban entre rojo y morado a las presentes, pues consistían en obligar a la prometida a tocar cosas buenas que parecían malas, responder adivinanzas con doble y triple sentido, escuchar chistes coloradotes y encontrar la mejor salida para no dar detalles personalísimos sobre su novio.

Las cosas han cambiado y se han ido a los extremos, porque hoy en día o es una noche loca o son reuniones con la familia y dentro de los términos legales. Se trata de reuniones aconsejadoras y con muchos juegos de lotería en los cuales, por cierto, nunca gano nada.

Por qué las casaderas ya no necesitan la exacerbación y la ignominia de una reunión non sancta antes de casarse podría deberse a la mucha información a la mano hoy en día, a la naturalidad con que vemos las cosas del sexo dentro del matrimonio y porque, a fin de cuentas, darle tanto vuelo a la imaginación encerraba más miedo que alegría y curiosidad.


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02 Octubre 2018 04:00:00
Mujer dormida
Mantener despierta a una mujer, hoy en día, es una tarea relativamente sencilla y bastante divertida; hacerla dormir a su lado un hombre, eso sí que no a cualquiera se le da.

En la bella novela de Noah Gordon, “Chamán”, se narran las peripecias de un joven sordo quien deseaba ser médico en la década de 1860. Que vienen a colación con el asunto de la mujer dormida aparecen dos pasajes: El primero es donde el protagonista lleva a casa gas hilarante, del utilizado como anestésico en la escuela de medicina, para ponerle variedad a las relaciones sexuales que tenía con una chica en la casa de huéspedes; la segunda, explica las características de un preservativo primigenio hecho con cuero de cerdo, implemento útil para no inhibir a la mujer ante el riesgo de embarazo.

La historia humana siguió aportando recursos mil utilizados con la finalidad de conseguir diversión entre la pareja; el hombre, siempre a la vanguardia de los avances lúdicos en las relaciones, ha conseguido los desvelos y los favores de las mujeres por vías tan diversas como la promesa o la amenaza. Entre esos extremos podríamos enumerar bondad, amor, esperanza, dinero, obsequios, engaño, golpes; en conclusión, para mantener despierta a una mujer se necesita excitación o miedo presentado en todos estos envases.

Para que una mujer duerma al lado de un hombre, duerma y nada más, solo hay una vía: la confianza, cuya presentación es única y consiste en manifestaciones simultáneas de constancia, respeto, solidaridad y paciencia. Como se puede ver, no cualquier varón se tomaría el tiempo para este listado de requisitos cuando la vigilia en pareja parece más fácil y prometedora.

En la misma novela de Gordon hay otro pasaje en el cual, el padre del médico sordo acude a una choza para atender a cierta mujer arisca quien vive sola con su hijo. A pesar de ser reconocido en la comunidad y asediado por las solteras, él insiste en acercarse a Sara, a quien finalmente logra salvar con una cirugía imposible y ella, mucho después de la anestesia, sigue durmiendo a su lado.
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28 Septiembre 2018 04:00:00
Los porqués
Cualquier charla mañanera entre vecinas bien representa las formas historiográficas como los investigadores han esculcado en la vida social, la diferencia es que estos tardan entre dos y cuatro años en responder a las preguntas, en tanto aquellas lo dilucidan entre barrer la calle e ir por las tortillas.

Los hechos históricos pueden estudiarse desde muy diversas perspectivas, usando técnicas diversas de acercarse a ellos, hasta donde el pasado lo permite y se deja asir. Estas formas de estudio se llaman historiografía.

Así las cosas, la lucha feminista, por ejemplo, se ha observado desde sus protagonistas; se estudia a partir de las cronologías, pero también de los espacios; los fines son otra línea de investigación, las consecuencias resultan, para mí, las más abordadas por los estudiosos.

Una charla cotidiana en donde se quiere dilucidar todo lo referente al divorcio en proceso Geraldine Bazán y Gabriel Soto, es capaz de responder a todas las dimensiones científicas dichas en el párrafo anterior.

El porqué, se responde en estas dos palabras hoy dichas con soltura por la mujer liberada: Por cabrón. El cuándo es un “todavía no, pero ya mero”; en tanto el para qué se responde con las palabras clave “hombre, calentura y tontería”.

Los espacios del estudio social referente a este divorcio con impacto comunitario, se enlistan en segundos debido al amplio conocimiento adquirido por las conversantes en Ventaneando y Bla Bla Show, además de ser críticas de telenovela: En la serie tal, en la locación cual y en Las Vegas los sinvergüenzas.

Las consecuencias son siempre la parte más emocional de la charla, puesto que se comentan ya casi a la hora de partir por las tortillas, cuya compra requiere precisión milimétrica y estrategia militar. En estos casos, las categorías consideran a los pobres-hijos-que-ni-culpa-tienen, la imagen estoica de la mujer, las miserias del hombre que ni rubio natural es, y los matrimonios de los famosos que nunca duran, pero este parecía que sí.

No tengo espacio para abundar en los fundamentos científicos de dos señoras aclarando el mundo, aunque creo que ellas usan frases tan contundentes que la clasificación historiográfica en donde las coloquemos las tiene, verdaderamente, sin cuidado.

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27 Septiembre 2018 04:00:00
Nieve y negligé
A como veo las cosas, puedo aconsejarles a las damas que saquen todas sus prendas primaverales y las vistan con cualquier pretexto, pues todo parece indicar que en unos cientos de años tendremos otra glaciación y a ver cuándo podemos usar el bikini de rayas.

Es una inquietud genética. Tengo una parienta a quien le suben toda clase de sudores nada más al pensar que dentro de cinco mil años se acabará toda el agua del mundo; ella, a sus 80, más los cinco mil, poco podrá hacer entonces para salir airosa a del evento.

Lo innegable recae en la menopausia climática por la cual transita la Tierra. Yo tengo listos desde hace una semana el vestido floreado, chancla roja y bolso azul para lucir mis últimas galas primaverales, y ahí tienen ustedes que la neblina nos retrajo y nos rellevó a sacar las botas, siendo que ya estaban metidas en la última caja del bendito cuarto de tiliches.

Me sé una historia para reflexionar, tiene tipo como para ponerla en una plática motivacional: Una joven esposa compró cierto negligé para estrenarlo con su esposo cuando viajaran a la playa; pasaron los años, el viaje no sucedió y ella enfermó hasta morir dejando intacta la prenda. Esto en verdad sirve como lección.

También funciona pensar que si invertimos bastantes pesos en comprar ese trajecito tan fresco y galante, que se amuele el frío, porque no vaya a perder sus galas entre la naftalina del guardarropa. Si Lady Gaga, Madona y Gloria Trevi usan tirante y calzón con botas ¿por qué nosotras no, si tenemos exactamente lo mismo, aunque no tan bien acomodado?

Hoy en día la moda permite casi todo, quizá los diseñadores hayan caído en la misma cuenta mía y estén ávidos por sacar a la luz todas sus creaciones antes de lanzarse a poner de moda, otra vez, las pieles de animales como única pieza disponible para sobrevivir a la gélida época por venir.

Yo no sé ustedes, pero hoy mismo usaré un pantalón pescador con la blusa amarilla, contradiciendo a mi estatura y anchor, así diga la gente misa, pero no voy a esperar los fríos con los brazos cruzados, ya los cruzaré entonces.


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26 Septiembre 2018 04:00:00
El hombro y la mujera
Si el lenguaje inclusivo o neutro asegura el fin de la violencia, yo sería una fundamentalista defensora del “todes”. Mas tengo para mí que no es la vocal final en las palabras, sino el modo muy personal como cada una de las mujeres se autoconstruye y se conceptualiza frente al hombre y, muy interesante, frente a otras mujeres.

Los odios más encarnizados en mi contexto los he conocido entre damas que acaban por sentirse muy machas aplastando a la otra, armadas con un poder temporal que les conceden los sistemas laborales.

El trayecto histórico, social y legal recorrido por nuestras antecesoras en pie de guerra suma más de dos mil años. La lucha iniciada, por alguna innoble razón, no ha sido terminada, así se haya exigido a la sociedad una actitud de igualdad, respeto y equidad por la vía legal escrita, la oralidad jurídica, la literatura, la educación. Una línea de investigación para dar con el error que no permite alcanzar el propósito de esta cosa bélica pudiera ser, si se eligiera una historiografía, que hemos emitido el mensaje al receptor incorrecto: No era a la sociedad, sino a la mujer misma a quien deberían plantearse las exigencias iniciales para detonar la mejora en su condición.

El valor de la mujer se puede tasar desde la acepción de su costo –como en las culturas esclavistas-, de su grado de utilidad –como en la Revolución Industrial-, equivalencia de una cosa frente a otra –la lucha por la igualdad- o la subsistencia y firmeza frente a un acto –la continuidad en esa lucha. En contraste, se mide desde el enfrentamiento al miedo.

En ese sentido, algunas acciones femeninas, a fuerza de demostrar valor, eligen una batalla la cual, antes que fortalecerlas con los logros pasados, las llevan a denostar los derechos de aquellos que están bajo su responsabilidad. Los casos legales en donde se rechazan pensiones alimenticias en pro de demostrar autosuficiencia, son un caso que se sigue discutiendo en las cámaras; no se digan los miles de casos diarios en donde mujeres golpeadas casi hasta la muerte perdonan a su agresor y vuelven a vivir con él.

Así las cosas, la buena jueza por su casa empieza.

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25 Septiembre 2018 04:00:00
Basura de tarea
Para hacer la tarea, lo más extraordinario hecho por quien esto escribe, fue enfrentar una gran aventura en el basurero, a dos calles de la casa materna. Allá, un ser humano podía encontrar fama, fortuna o desdicha. Yo tuve suerte: una tarde encontré la cabeza completa, con pelo plástico y todo, de una muñeca bebé; mamá fabricó el cuerpo con tela y tuve una compañerita entonces. La tarea no me acuerdo si la hice o no.

Mi hermano mayor, en cierta ocasión debió perseguir a una rata para llevarla a su clase de Biología; cómo alcanzarla, la alcanzó, pero el animal vivió muy bastante cómodo muchos meses en una jaula, pues él no tuvo corazón para sacarle el suyo y estudiarlo en el laboratorio. Pero no más, porque hacer la tarea consistía en ciertas actividades propias de un ser humano, mortal, terrícola y limitado en el tiempo y el espacio.

A diario me preparo sicológica, física, emocional y racionalmente –hasta donde me es posible- para la sorpresa vespertina. Cuando vuelve de la escuela mi hijo, hago un exhaustivo interrogatorio sobre todo y cualquier cosa, hasta agotar los temas. El otro día acabamos discutiendo sobre la posibilidad de que el Capitán América pudiera resolver ciertas preguntas de una prueba Planea.

Postergar el tema tabú es parte de mi trabajo como madre que valora su estabilidad emocional. Así, cuando me siento preparada, abordo la cuestión: “¿qué te encargaron de tarea?” Una tormenta eléctrica se pone sobre mi casa y, a modo de la Familia Adams, la nube se posiciona, llueve y atormenta mi existencia la tarde entera.

Con gusto iría otra vez al basurero y encontraba no la cabeza, sino la muñeca entera, pero eso dista mucho de aventurarse a conseguir listones de acetato con transparencias violeta y amarillo; hojas de aluminio grueso con acabados tornasol y 143 limpiapipas jaspeadas. Ustedes, madres del mundo, saben que pasa en la vida real.

De alguna forma, las maestras de primaria están aplicando las TIC –tecnologías- y la globalización de una manera poco asequible: el hecho de que aparezca en internet de un teclazo cualquier producto, no quiere decir que se materialice en un tris y aparezca en nuestras manos, sería algo así como meternos en el Popotito 22, la máquina tele transportadora de Odisea Burbujas.

Amiga mía, como una debe ponerle buena cara al mal tiempo, esto deberá servirnos de entrenamiento: si el hijo, en definitiva, no sale adelante con la escuela, pues no es competente para conseguir el forro reciclable hecho con estiércol de caballo Moro, nosotras ya estamos listas para instalar un mercado negro de cosas inconseguibles solicitadas en la escuela.

Así, de la desesperación pasaremos a la abundancia resolviendo vidas de madres afligidas cuya tarde la arruinaron 25 cascarones de hoy para mañana, decorados. Un consejo nada más: si les preguntan cómo consiguen lo imposible, solo respondan: “Conozco a alguien”.


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22 Septiembre 2018 04:00:00
Mala mente
No lo tengo muy claro. Pasados los años, a las personas se nos borran ciertos recuerdos los cuales, en su momento, parecían inmarcesibles, tanto como lo eran en las familias de antaño las series navideñas: Duraban un montón, desde su compra y hasta que se acababan. Justo esa es mi obnubilada remembranza, pues muy apenas recuerdo haber tenido una para toda mi niñez. ¿Sería eso posible?

Tanto como el pino blanco, mediano, nevado y mate nos duró una serie conformada con focos pequeñitos y alargados, cuyos colores oscuros nos regalaban navidades melancólicas y muy lindas. Cuando las luces cumplieron tres años, mi padre descubrió la novedad más valiosa en el mundo: Focos de repuesto; así, le otorgó cinco ciclos más para vivir juntos la celebración navideña.

Lo más valioso en esa serie residía, y hasta ahora lo sé, no tanto en su extensión, color, viveza o resistencia, sino en carecer de un empaque con la mentirosa frase: “Fácil de guardar”. Apenas pasaba el Día de Reyes, y se acomodaba sin chistar en una cajita en donde alguna vez compró papá 12 bujías.

Hay muchas cosas molestas en la mercadotecnia hoy en día, pero, en lo personal, detesto la mentira y deshonestidad. Así, ese asunto de vender series con la falsísima promesa escrita de que algún ser humano podría volverlas a su empaque original, acaba por trocarme de Merry Christmas en la mujer del Grinch.

Esa aseveración es tan vacua como la que publican en los empaques de jamón o queso cuyas bocotas –si las tuvieran- dicen: Abre fácil. Falsos, mentirosos, perjuros y variosos –de esto último es autor mi tío Mario-, porque puedo testificar cuántas comidas mías terminaron en una sala de espera por el sicólogo ante la imposibilidad de encontrarle la orillita a los empaques.

Queriendo convencernos por su vista, nos ofrecen las series navideñas en bases redondas, cuyas perforaciones permiten al tendero mostrarla en todas sus posibilidades de iluminación. Parece todo tan sencillo, nadie se cuestionaría cuánta dificultad radica en volver a enroscar el cable en esos rieles predispuestos. Amigos y amigas, no se dejen llevar por las apariencias, es un engaño visual, truco mágico, hechizo veleidoso, pues sé de cierto quién empezó a empacarlas en enero y se dio por vencido empezando la Cuaresma.

Los focos, sépanse bien esto, nunca vuelven a entrar por donde vinieron. Digamos que mucho tiene de ser humano.

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20 Septiembre 2018 04:00:00
Hasta las manitas
No tengo suficientes neuronas, y si las hay, poco material intelectivo contienen, pues no me es asequible el entendimiento para aprehender la razón por la cual las personas comen manitas de puerco.

Nada tengo en contra de los cerdos –ni de sus patas-, es más, me resultan por demás simpáticos cuando están vivos y relativamente apetecibles cuando gruñen en otro reino. No es el animal en sí, sino el afán inexplicable de los seres humanos por llevarse a la boca todo lo que encuentren a su paso.

Las historias sobre difuntos cuya última comida fue un complicadísimo pez globo son numerosas. ¿Y qué? ningún nombre de esos glotones aparece en el santoral. Ahora bien, algunos se empeñan en poner en el caldero crustáceos cuyas patas aún están en movimiento y cuyos ojos los miran con determinación porque no tienen párpados y están pidiendo piedad. Yo podría pensar que cualquier día aparecerá en el periódico la fatídica noticia sobre un cocinero tragado por su receta.

Como sea, tengo un especial problema con las manos de puerco. No entiendo por qué, en tratándose de una cosa tan dañina, altamente pegajosa, difícil de cocinar y con muchísimas posibilidades de dejarlo tuerto a uno, siguen apareciendo en el menú familiar.

Lean bien lo siguiente: cada 100 gramos de las benditas manos contienen 291 kilocalorías, 25 gramos de grasa y 6.2 miligramos de colesterol. ¿Esto no los hace desistir? Tampoco desistiría yo si me apetecieran, pues muy poco sé de los valores numéricos que requiere mi panza, pero básteme con saber que al dorarlas disparan fuegos cruzados a distancias infinitas y, por si esto fuera poco, dejan los platos con cierta cantidad de coloide rejego ante cualquier lavatrastes.

No tiene sentido arriesgar el mercado de la gelatina, dejar mancos a los cerditos ni estropear nuestra reputación chupándonos los dedos durante la comida. ¿Qué les parecen unos chicharrones? Ahora bien, si es usted vegetariano, también los hay de harina, en tanto que las manitas nada más de manos hay.


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18 Septiembre 2018 04:00:00
Amor con refacciones
Tengo un insano apego a cierta antigua computadora portátil cuyos repuestos suman más que sus piezas originales. Viéndola detenidamente, me provoca una ternura infinita y nada de compasión, pues ha sabido sobrevivir a las actualizaciones mil y los descontinuos perversos de Microsoft; mucho, pero mucho se parece mi computadora a los maridos y las mujeres que acostumbramos llevar los humanos.

Quizá sean los dientes el primer factor de riesgo para irnos convirtiendo de un genuino original en cierta versión modificada de nosotros mismos. Empastes, coronas, puentes, dentaduras completas, todas son refacciones las cuales, a diferencia de los automóviles, no las podemos tener de marca pues nacemos y enseguida se rompe el molde.

Los matrimonios que sobreviven a una refaccionada pareja tienen altas posibilidades de llegar juntos a cumplir el juramento, explícito e implícito, de mantenerse juntos hasta que la muerte los separe. Esto debe pensarse considerando que hoy en día se ha rebasado el simple hecho de ponernos sustitutos –sin hablar de aumentos- de casi todo el cuerpo hasta pasar de humanos con prótesis a un Robocop en ciernes.

Una persona con prótesis metálicas en los huesos requiere una pareja que enfrente no solo la prueba de sustitución, sino del ruido sospechoso en el aeropuerto o el riesgo con ciertos imanes en los parques eólicos y museos de la ciencia. Los clavos en la columna, si bien hoy en día han sido sustituidos por piezas hechas en impresoras 3D, siguen estando en el número uno de los agregados al cuerpo humano de cuyos vestigios deducirán los extraterrestres que fuimos una sociedad avanzada.

Los anteojos son una reparación exoesquelética la cual, manejada con estilo, hasta otorga un plus estético al reparado; sin embargo, están los brackets: No importa cuánto argumenten los odontólogos a su favor, no hay una versión que mejore las relaciones amorosas cuando alguien los porta. Todo es una muestra de amor y apego incondicional.

Mi computadora no tiene batería y requiere teclado externo –como traer oxígeno sobre ruedas-; le funciona mal el siete y el nueve, así como la tecla de mayúsculas, lo que le da una apariencia de dama chimuela. Pero la quiero, y así trajera brackets, igual me quedaba con ella.

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13 Septiembre 2018 04:00:00
Pésima novedad
Resueltas las necesidades básicas del ser humano, este bendito ser se dedicó a encontrarme un uso creativo al espacio disponible en su cerebro. Cosas brillantes han surgido de esas circunstancias, el queso de colores, por ejemplo.

El queso de colores salió a la venta un martes y desapareció el lunes siguiente. Si bien las madres de familia tuvimos un momento de choque al suspender el menú consiste en sándwiches azules, supongo que los creadores pasaron peores momentos al saberse censurados por el mercado popular.

Inicialmente imaginé una reunión urgente con la élite directiva de Kraft llevando a la mesa un par de casos de envenenamiento: Chicos que acabaron gravemente intoxicado y sospechosamente azules luego de comer su lonche en el recreo.

Como ese asunto del queso variopinto, la ciencia ociosa también desarrolló papel sanitario rosa, aclaradores de partes íntimas femeninas, cinturones de castidad, fondos y refajos, tenis con tacones. Este conjunto tiene en común su poca funcionalidad y, en consecuencia, la desaparición repentina -como la del queso- o paulatina, como la del cinturón. Se entiende en ambos casos pues un niño envenenado representa a mies, y una mujer embarazada con todo y cinturón demuestra cómo la vida, y quién la genera, se abre camino a como dé lugar.

En lo personal, reconocería un invento moderno como el único exitoso y permanente en la historia humana, y más que ciencia es un arte: el arte de crear la necesidad del queso colorido, el cinturón, los tenis entaconados; tan exitosa ha sido esa disciplina que generó, incluso, la necesidad de usar zapatos Crocs.

Cuando era niña aprendí a legitimar a la mujer bella siempre y cuando usara pestañas Pixie; los vaqueros debían fumar Marlboro y la gente limpia se bañaba con jabón Zest. Junto con esas figuraciones, yo daba por hecho que solo las niñas rubias eran listas y únicamente quienes se apellidaran García eran ricas; ahora sé cuán endebles eran mis convicciones y lo mucho que la mercadotecnia colaboró para construirlas
Todo lo días la ciencia ociosa pone a la venta un nuevo e innecesario producto, y yo digo que ni siquiera tendrían que ocuparse en fabricar nada, porque bien pueden convencer al mundo de lo mucho que está en boga comprar nada y el mundo se colocará a comprarla.

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11 Septiembre 2018 04:00:00
Con la lengua
Los romanos enviaron a sus huestes para acrecentar el territorio de un imperio que parecía apoderarse, a grandes trancos, del mundo entero.

Las huestes romanas estaban compuestas por soldados, hombres recios, cuya preparación estaba fundamentalmente basada en ejercicio físico, fuerza bruta, pero de léxico, casi nada que no se hablara en la casa de cualquier latino. La retórica, la gramática y la oratoria se enseñaban en la otra cuadra.

Si no han puesta mucha atención en ello, las conquistas de territorios en el mundo no suelen hacerse a manos de investigadores, sacerdotes, estudiosos, magísteres, es decir, cuando nos apoderamos de un espacio, ponemos en él nuestra bandera de la lengua común, que en el Latín, se llamó vulgar. ¿Cómo se llama el español que llevan los migrantes a Estados Unidos?

Nuestro idioma tiene cimientos de Latín Vulgar, así sea hablado por Carlos Fuentes; la derivación del español se estableció también con variopintos niveles y hoy es fácil ver cómo se normaliza lo escandaloso: La globalización ha llevado a millones de hispanohablantes a convertirse en el foco de interés por parte de canales norteamericanos. Esos norteamericanos identifican nuestro idioma como el que llevan las personas que se establecen allá aunque son de origen hispano.

El resultado de lo anterior es: Comerciales en televisión familiar con palabras que todavía en México son agresivas u obscenas, pero quizá ellos no lo saben, sobre todo si quienes hablan el español en Norteamérica usan la cada vez más diseminada lengua compuesta con vulgarismos repetitivos y polisémicos.

Así se conquistan territorios, con la lengua.

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08 Septiembre 2018 04:00:00
Insana
Las mujeres tenemos una insana relación masiva, cuyas manifestaciones no son visibles al mundo exterior de nuestro yo femenino. Nunca la aceptaremos como propia, pues eso delataría nuestra profunda incapacidad para solventar ese emparejamiento entre lo deseado o lo insufrible; algo muy parecido al matrimonio.

Entre la generación de mi madre y la mía, la historia humana presenció una de las más interesantes travesías de nuestra especie, un éxodo con ida y vuelta: El tránsito de la bolsa de papel a la plástica. La vida nunca volverá a ser la misma.

Si bien, las iniciativas ecológicas vinieron a echarnos una mano con el asunto de las bolsas plásticas, el tema era ya un tabú por estar tan presente y volverse tan prohibido, ya que aceptar un creciente e inevitable monstruo en la intimidad hogareña no es cosa de decirlo a voz en cuello; cuchichearlo nos pone en riesgo de estar comunicando debilidades al enemigo. No saber qué diablos se hace con ellas podría delatarnos como poco hechurosas, escasas de imaginación, amigas del desorden, pero jamás como seres conscientes de la contaminación ambiental.

Cuando las súper tiendas iniciaron una débil campaña para sustituir el plástico por tela apareció una oportunidad para achacar a un tercero nuestra determinación a cerrarle la puerta a la bolsa plástica, pero sucede que ya en la acción, pedirle al Cerillo nos acomode toda la despensa en nuestros variopintos morrales es como enviar mensajes mujer-marido: La traducción final es que sí va todo en los morrales menos las carnes rojas, las frías, la leche y los envases de vidrio, los cuales, además, llevan doble envoltura de plástico, claro está.

Percibo en la generalidad femenina una resistencia a ir por la calle sosteniendo redes, colotes, bolsas de lona, morralitos y toda la pléyade de recipientes cuyo uso en el pasado era cosa muy natural; justo eso lo vuelve molesto, si se considera que la mujer moderna dejó de ir al mercado para comprar en el súper; volver al morral sería una regresión estética.

Cuando pido al empacador que no use bolsas plásticas, ni una, tampoco para la carne me dice enseguida cuán pesadas resultarán mis morrales; le respondo “no le hace”. Apenas avanzo y murmura con la cajera: “Viste, qué señora tan rara, a ver en dónde va a poner la basura”.


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08 Septiembre 2018 03:10:00
Ella habla sola
Las mujeres no requerimos la tercera edad ni la demencia senil para hablar solas, muy al contrario, en nosotras es una muestra de salud mental y resiliencia. Cuidado, eso sí, cuando nos quedamos calladas.

En honor a la verdad, no hemos tenido ninguna clase de angustia ante las especulaciones sobre posibles enfermedades mentales o inestabilidad emocional, el tema de convertirnos nosotras mismas en amigas imaginarias, es histórico e inherente a las actividades múltiples que realizamos; es más, se llega a convertir en recurso de supervivencia.

Si algunospiensan que hablar solas, en voz alta, es además de desvío una manera de obtener dos votos a favor, se equivocan: nosotras somos las más crueles fiscales de nuestros actos. Es más fácil escucharnos decir “qué bruta” cuando no equivocamos, a un “estás bien bonita” cuando nos miramos al espejo.

Decir en voz alta es un recurso nemotécnico, un decreto, un ejercicio situacional para no enajenarnos de la acción enproceso.

Lasdiversasactividadesque hacemos de forma simultánea, requieren tantas secretarias como lo pide un edificio de Gobierno.

Losexpertosdicen que hablar solo ayuda a ordenar ideas y sentimientos, a condicionarnos emocionalmente al éxito; además, agregan, quienes tienden a insultarse en lugar de adularse, suelen ser personas negativas. Otros afirman que cuando hablamos solos, mejoran significativamente nuestros procesos cognitivos.

Visto desdenuestra perspectiva, el auto insulto proferido viene a convertirse en un reconocimiento de las pequeñas imperfecciones que nos haceninolvidables.
Siempreesmejor una barbaridad verbal dicha con cariño y autorización a las ajenas expresadas con dolo.

Hablar solasesparte de nuestra naturaleza, un suspiro que reacondiciona la capacidad para seguir adelante, un exceso de confianza con nosotras mismas porque somos las únicas a nuestro derredor capaces de cumplirnos cabalmente o traicionarnos con permiso.

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06 Septiembre 2018 04:00:00
La leche y la cuajada
La tía Toña decía: cuando tú vas por la leche yo ya vengo con cuajada. Adaptada la frase sapientísima, pudiéramos ahora decir que cuando los adultos venimos con la fórmula láctea los jóvenes ya regresan con manchego.

No es difícil adivinar el sarcasmo en el dicho de mi tía, dirigido hacia quienes suponen dominar el pecado, la palabra y la omisión de los demás, siendo que los otros los sobrepasan en astucia. Creo, con fervor, es el caso de los adolescentes mexicanos y sus mentores.

Dos ejemplos pondré, allegados a mí por la experiencia docente con chicos entre discutibles y sorprendentes. El primero: Los jóvenes no leen; el segundo, los muchachos no se hacen responsables.

Si usted es de la pléyade de profes y papás que sucumbieron a la frustración y dan por hecho el analfabetismo funcional en sus alumnos e hijos, lamento evidenciar su equivocación: Ellos sí leen, pero no lo que ustedes quieren.

Si ustedes supieran lo que nuestros adolescentes están leyendo, tal vez nos daría más preocupación de la existente o un poquito de pena, pues su iniciativa los lleva mucho más allá de lo pensado. Baste con preguntar, sin prejuicio, sobre las letras que bailan en sus mentes y ellos harán un análisis semiótico de cualquier anuncio de preservativos en la tv.

El segundo asunto, cuando lo conocí, me dio más contento que otra cosa. Reunidos en un salón para conocer los intríngulis del Facebook y sus riesgos, el expositor hizo una pregunta para saber si entendieron su perorata de media hora sobre los farsantes cibernéticos. Ellos, en coro, dijeron que sí, todo eso ellos lo conocían como “Muros vemos, inbox no sabemos”.

Si cabe la duda es porque conocen la posibilidad y no se saben exentos. Maliciar a cualquier contacto en las redes sociales de las que son usuarios es el primer paso para reducir los riesgos de tantas formas abusivas en contra de muchachos y muchachas.

Al terminar la charla me acerqué con ellos y me explicaron las mil y una formas de bloquear contactos, notificar sus bajas o pasar desapercibida la suspensión; ver sus notificaciones siempre, a veces o nunca; identificar el lenguaje del otro para saber la edad posible a través de frases clave para ellos; es más, pueden distinguir el estilo de ser joven en donde milita.

Ellos están leyendo y se quieren más de lo imaginado.

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04 Septiembre 2018 04:00:00
Mamá lía
La evolución humana dinamizada por una impensable capacidad de adaptación a las circunstancias naturales y artificiosas, no es otra cosa que una imitación pobre de una madre resolviendo problemas cotidianos de la vida.

Las manos maternas debieron ser modelo para fabricar las primeras herramientas de labranza, las incipientes armas de defensa, los primitivos albores de la quiropraxia y las iniciales técnicas de masaje por roce, fricción o percusión, sacudida, torsión y pellizcamiento, sobre todo estas últimas.

Ahora venden unas palitas chicas con su rastrillo pequeño, muy monos, para hacer de hortelana o floricultora, pero antes las madres ahuecaban la mano y nos mostraban cómo llenar de tierra un recipiente para colocarles la naciente planta en el centro. Con esas mismas manos nos cargaban en vilo para separarnos del peligro, o bien, nos llevaban a buen resguardo para sanar torceduras, sobar golpes, tapar heridas, percutir castigos en las nalgas, retorcer la piel en respuesta al mal comportamiento o sacudirnos hasta el alma con el dedo índice muy alzado.

Así como hoy el ser humano teme al avance en la generación de androides, en su momento la sociedad debió satanizar a las madres, hacerlas parecer muy sospechosas, porque en una sola habitaba un confesor, un soldado, dos policías y un médico con su enfermera. Es muy probable que esta versatilidad femenina fuese la que incentivaba a los ignorantes a señalarlas como poseídas.

De haber sido la Inquisición en estos tiempos, no habría una sola mujer sobre la tierra, porque esa aparente ubicuidad para estar ahora aquí y en cinco minutos coreando porras de futbol y enseguida emperifolladas para la reunión, daría material bastante y suficiente para ser procesadas bajo evidencias que, por si fuera poco, las recopila la bruja misma en su celular, aparato demoniaco por demás.

No es raro dar con historias de instrumentos desarrollados para un uso y aplicados exitosamente en otros muy distintos. Así es este capítulo de las manos maternas, y lo llamo capítulo porque tanto o más podríamos decir de los brazos, los pies, los hombros o el corazón.

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01 Septiembre 2018 04:00:00
Ensayando
Escribir ensayos en la secundaria es un acontecimiento vanguardista, moderno e incluso temerario. La mayor hazaña para los escolapios del pasado como yo, era escribir un cuento cuyo inicio solía ser: “Había una vez un niño que no le hacía caso a su mamá”.

Los niños que no le hacían caso a su mamá eran siempre un excelente tema para los cuentos, pues les venía toda clase de fatalidades, como perderse sin encontrar el camino de vuelta a casa, ser robados por un mal hombre que los obligaba a trabajar o, incluso peor, caer en una escuela para niños malos en donde se estudiaba mañana, tarde y noche.

Ahora los chicos de la secundaria escriben ensayos desde segundo grado, corroboran su capacidad para lograrlo cuando son promovido a tercero y repiten la hazaña pero ahora con temas más complejos. Cuando digo complejos a los profesores se nos vienen a la mente asuntos como las drogas, enfermedades de transmisión sexual, alcoholismo o incluso embarazo en adolescentes.

Resulta, sin embargo, que la pretenciosa intención de quienes diseñan los programas educativos en México no previeron que nuestros muchachos están más interesados que ellos en abordar, argumentar y concluir cosas, mas no las que estaban previstas.

Un tema común en la escuela secundaria, si lo dejamos a elección de los alumnos, es el porqué un superhéroe no mató al enemigo si en la escena 435 claramente lo rozó con sus superpoderes. Otro más podría ser referente a las probabilidades de ganar dinero vendiendo bonos electrónicos desde una aplicación disponible para adolescentes.

Bueno, si ya apostamos por la inteligencia de los muchachos -cosa muy excelente- ahora debemos ofrecerles libertad para ejercerla, aunque la escuela en letras y la realidad escolar no van siempre de la mano. ¿Qué le parecería si un muchacho desea escribir sobre la música que los alemanes estaban obligados a escuchar durante el régimen de Hitler y su maestra lo obliga a hablar sobre los indios que poblaron el territorio? La causa es que la profesora ni domina el tema ni está dispuesta a aprenderlo; la consecuencia es frustración y desánimo de una buena iniciativa.

En resumen, si a la escuela le da miedo la libertad, entonces sigamos ensayando a escribir sobre el niño que desobedeció a su mamá.

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31 Agosto 2018 04:00:00
Comprando ideas
En un programa de televisión matutina discutían, hombres y mujeres los porqués de la tardanza femenina durante las compras y, paradójicamente, fue un caballero quien dio al clavo.

Salir con una idea predeterminada tiene que ver con una compra anterior: Los zapatos con detalles negros en los costados, por ejemplo, combinarían a la perfección con el bolso antes descrito y debemos lanzarnos en su busca porque, seguramente, esa combinación es tan común que a cualquier diseñador debería habérsele ocurrido.

A decir verdad, no es la imagen precisa del objeto de nuestro deseo lo que luego se torna en dilema, el asunto es que a veces, con todo y que nuestras ocurrencias parecen tan ordinarias, no localizamos con exactitud el artilugio y debemos conformarnos con algo ligera o completamente diferente; de ahí se desencadenará otra historia, porque si el bolso, en lugar de puntos shedrón los tiene rojo vino, entonces habrá que pensar en otro par de zapatos que combinen con él, a nadie se le ocurriría llevarlo con los que tienen negrito en los lados.

No es un trance fácil, quedamos decepcionadas y debemos desarrollar una gran capacidad resiliente porque nos parece imposible que ningún aparador muestra justamente lo que traemos en mente. Los años y la experiencia nos otorgan cierta flexibilidad, y podemos transigir un poco: Bueno, si no son cuadritos que sean lunares; podemos ceder ante medio centímetro de tacón o cambiar un cierre de metal por otro plástico, pero no más, eso sería traicionar nuestros principios.

Nadie va cándidamente a las compras. Eso de que salí a ver qué encuentro es una falacia que ya nadie nos cree: Seamos honestas y confesemos, antes de invitar a alguien a la búsqueda, qué es exactamente lo que traemos entre manos, así el otro decidirá si nos espera en una doble función de cine u ordenando la biblioteca completa.

Debemos aceptar que hay pacientes compañeros de compras, sin embargo eso no los hace comprensivos, no se dejen engañar: Podrán esperar tras de nosotros el día entero pero si leemos su mente, seguro tendrá una interrogación bien pintada: “¿Qué diferencia hay entre los puntos y los cuadros?”, se estarán preguntando y eso, en verdad, podría herirnos profundamente, hacernos sentir incomprendidas o acompañadas por pura compasión. No lo merecemos.

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30 Agosto 2018 04:00:00
La chica de la botella
Pude titular este artículo como “Chica de salón”, pero a los mayores de 40 la frase nos remitiría a los filmes de vaqueros, esas chicas y esos otros salones. Chicas curvilíneas y perfectas tal como las dibujaba “El libro vaquero”, en cuyos escenarios la tragedia, el dolor y el abandono no demeritaban tampoco en ellos las apolíneas figuras; aún el llanto, válganles Dios, los hacía parecer más melenudos y sensualones.

Este salón al cual refiero es el muy mundano sitio a donde vamos más mujeres que hombres, con el ensueño de catafixiarnos, en un tris, por unos más bellos, más suavecitos y menos peludos seres vivos.

Ni siquiera voy a hablar, propiamente, de esos centros en donde se dan cita el narcisismo y la autoestima, mi tema radica en lo lejana que estoy de comprender el maléfico incluido en esos productos mágicos expendidos por estetas y estilistas, y cuyos efectos –de los productos- caducan en un periodo no mayor a cinco cuadras.

Usted habrá caído en la tentación de poseer el tesoro ese en manos de su estilista y cosmetólogo, que la deja a una suavecita –el tesoro; digo, que el tesoro, y no el estilista, la deja a uno suavecita, no que nos deja suavecito… ¡Por Dios, no debieran necesitar tantas explicaciones!- y cuya venta está vedada en cualquier centro comercial, tienda de conveniencia, puesto callejero, pues solamente lo poseen ciertos iluminados. Ahí está el efecto, a la vista: nos cortan el cabello, vacían sobre nuestra humanidad cierto linimento que, enseguida, nos convierte en Beyoncé, J. Lo o Tatiana.

Volvemos a casa con cierta euforia no presente en nuestras vidas desde el lejano día de la boda… de Beyoncé, de J.Lo o de Tatiana, porque la propia fue un desastre después del brindis. Ya tenemos en nuestras manos el secreto máximo; a duras penas aguantamos la agonía del amanecer. De un salto, volamos al baño y salimos listas para la transformación.

No hacen falta palabras mágicas, todo está contenido en esa botellita de 45 mililitros y $867.50 pesos. Agitamos –la botella-; inclinamos –la cabeza-; volcamos toda nuestra melena hacia adelante y dejamos que el cabello reciba el elixir de amor, pero nada pasa, seguimos exactamente igual que al levantarnos.

Algún hechizo hay en las botellas del salón.

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28 Agosto 2018 04:00:00
Las ánimas
Posicionada en el contexto del lenguaje inclusivo, si los hombres se reúnen para levantarse los ánimos, las mujeres nos juntamos para masajearnos las ánimas.

El género femenino tiene por norma ser gregario y resolver sus problemas en modo colectivo. La magnitud del intríngulis es independiente de la metodología, pues esta funciona tanto si se trata de una vuelta al sanitario o bien, de solventar la pérdida de un ser querido.

A diferencia de los caballeros, no pedimos consejos, sino consenso. Contar sobre las tribulaciones pendientes sobre nuestra testa no está encaminado a encontrar vías resolutivas, sino aprobación sobre nuestra actitud para enfrentar el ajo, sea que nos hayamos resuelto por el estoicismo, la determinación o la indiferencia.

Levantarse las ánimas entre las mujeres tiene una ciencia milenaria desarrollada desde las sociedades antiquísimas africanas, tanto así que nos hemos especializado para atender esa demanda social sea como entrenadoras, árbitros, animadoras o acompañantes.

Las entrenadoras están preparadas a conciencia para indicar formas de proceder pero de un modo que parezca emanado de la emproblemada: se da la indicación con un agregado final como “así como tú habías pensado”.

Quienes ejercen como árbitros tienen una agudeza mental impresionante, si se considera que una mujer angustiada se debate entre las decisiones extremas a tomarse en una relación. Si la atribulada piensa separarse, la amiga le dirá que es una guerrera; ahora bien, si decide soportar, entonces la adjetivará como una santa.

Las animadoras son creativas. Su labor consiste en dar la razón y ofrecer formas diversas para lograr el objetivo planteado, así este cambie radicalmente durante la conversación, y ya puede implicar la libertad, las cadenas, la venganza u otros temas más delicados si acaso son fanáticas de series policiacas.

Las acompañantes escuchan y cierran las etapas conversatorias con asentimientos de cabeza y frases neutras como “Ay, amiga”, “Te entiendo”, “Claro, pues cómo no” para despedirse con un “Te apoyo en lo que decidas”. Si en apariencia esta última tomó el camino fácil, debo decir que nada es más inspirador en una charla de mujeres: cero críticas, nada de consejos, ningún compromiso pero bastante disponibilidad.

Así funcionan las ánimas femeninas.

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25 Agosto 2018 04:00:00
Sexo a color
Raúl Vale solía contar un chiste: “Cuando mi primer viaje a Italia, el homosexualismo era sumamente penado; en el segundo, nadie criticaba esta condición; en el tercero, incurrir en ello parecía gracioso; no pienso ir por cuarta vez, porque, seguramente, será obligatorio.”

Este hombre se llevó de calle a los filósofos más conocidos a lo largo de la historia, pues queda claro que, en cuestión de sexo, la moda es tan mandona y peligrosa como suegra de recién casados, ama de casa oaxaqueña o novia abandonada en fin de semana.

Cuando nuestros padres eran adolescentes, la sola palabra “homosexual” causaba alergia y escozor a quien la escuchaba. El término era exclusivo para médicos y sicólogos, porque la gente común prefería motes tan diversos como ofensivos.

En esa época, el mundo se encargó de dejar muy claro que había dos sexos diferentes entre los seres humanos y nadie debía de brincar la delgada frontera entre ambos. La exageración del machismo era requisito para todo varón y la ilimitada sumisión una condicionante para cualquier mujer con deseos matrimoniales. Los hombres eran fuertes, feos, formales y no lloraban; las mujeres eran frágiles dependientes y lloraban a mares por cualquier motivo, a imagen y semejanza de Silvia Derbez.

Cuando derrumbamos las barreras, los hombres empezaron a llorar y a las mujeres nos crecieron músculos. La diferenciación entre un sexo y otro ya no era tan palpable como antes; el sexo femenino y masculino se reconoció por otras características: El primero es el proveedor del hogar; la segunda quien lo mantiene en pie. Es decir, dejarle claro al mundo nuestro género ya no era tan apremiante.

Le siguió a esto la época libertaria, la del valor civil para reconocer preferencias no bien vistas entre las generaciones pasadas. “Salir del clóset”, cono dice la gente, se convirtió en una hazaña que convertía a su autor en una especie de héroe. Ante esto, hoy por hoy, si alguien desea colocarse en la punta del grito de los famosos, deberá argumentar preferencias sexuales “dudosas” o muy bien identificadas pero más allá de lo ordinario. Los heterosexuales somos aburridos.

¿Ser homosexual es obligatorio? En Italia todavía no, como lo profetizó Raúl Vale; aquí tampoco. En realidad creo que en la etapa siguiente a nadie le importarán las inclinaciones románticas entre hombres, mujeres y sus combinaciones posibles; el mundo pasará a quedarse sin sexo alguno, como los ángeles.
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24 Agosto 2018 04:00:00
Pequeño pero mío
El otro día me reclamó mi hijo por qué no estaba entre las madres de familia que se juntaron para reclamar a las escuelas que dejan fuera a los niños cuyos padres llegan tarde, si la escuela tiene la obligación de cuidárselos, dijeron. Me defendí mostrándole las fotos de cuando estuve dando una charla para mujeres y su importante rol en el equilibrio de la sociedad. Terminada la conferencia, regresé a la casa y puse la lavadora.

Prefiero las reuniones sobrias, en donde todos los presentes conocen la finalidad del movimiento. Por ejemplo, me gustan los congresos académicos cuando no son multitudinarios, porque en esos casos, abunda gente dando bendito uso a los recursos de sus escuelas sin la presión de aprender algo en el trance. La semana pasada, por ejemplo, fui a la universidad para hablar sobre los problemas docentes frente a grupo. Hube de regresar antes de que terminara porque los horarios estaban bárbaros. Llegué del viaje en la tardecita y puse la lavadora.

Como sea, una se encuentra en todos lados personas interesadas en mejorar el tema de la educación, el problema es que andamos cada quien en nuestra tiendita y así ni cómo hacer un súper. Lo más cercano a resolver apuros es un grupo de investigación al cual pertenezco hace unos meses; aunque se achica cada vez, seguimos con la intención de resistir, todavía eso lo platicamos ayer cuando determinamos el método de análisis para las pruebas Enlace. Cuando entendí cómo manejar el programa de estadística, me regresé rapidito y puse la lavadora.

Hoy fui a dejar a mi hijo en la escuela y aprovechamos las señoras para resolver un asunto de los baños; pasé a pagar el agua y aclarar un error en el recibo, luego todas las mujeres que estábamos ahí comentamos sobre las posibilidades de ahorrarla y controlar su uso en la familia. Llegué con el contador y dije a la secretaria cómo abrir un programa de Excel y las dos nos retiramos enseguida. Después de eso, todas, pero todititas, nos fuimos a poner la lavadora.

Yo me pregunto ahora ¿qué haríamos las mujeres con todo ese tiempo que nos lleva poner la lavadora a cada rato? Ahora lo sé: Plancharíamos, porque esa cosa cotidiana y simple nos deja pensar en el resto de nuestra vida y nos recuerda lo importante que somos para mantener andando la sociedad con ese pequeño y arraigado acto.

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23 Agosto 2018 04:00:00
Ella habla sola
Las mujeres no requerimos la tercera edad ni la demencia senil para hablar solas, muy al contrario, en nosotras es una muestra de salud mental y resiliencia. Cuidado, eso sí, cuando nos quedamos calladas.

En honor a la verdad, no hemos tenido ninguna clase de angustia ante las especulaciones sobre posibles enfermedades mentales o inestabilidad emocional, el tema de convertirnos nosotras mismas en amigas imaginarias, es histórico e inherente a las actividades múltiples que realizamos; es más, se llega a convertir en recurso de supervivencia.

Si algunos piensan que hablar solas, en voz alta, es además de desvío una manera de obtener dos votos a favor, se equivocan: Nosotras somos las más crueles fiscales de nuestros actos. Es más fácil escucharnos decir “qué bruta”, cuando no equivocamos, a un “estás bien bonita” cuando nos miramos al espejo.

Decir en voz alta es un recurso nemotécnico, un decreto, un ejercicio situacional para no enajenarnos de la acción en proceso. Las diversas actividades que hacemos de forma simultánea, requieren tantas secretarias como lo pide un edificio de Gobierno.

Los expertos dicen que hablar solo ayuda a ordenar ideas y sentimientos, a condicionarnos emocionalmente al éxito; además, agregan, quienes tienden a insultarse en lugar de adularse, suelen ser personas negativas. Otros afirman que cuando hablamos solos, mejoran significativamente nuestros procesos cognitivos.

Visto desde nuestra perspectiva, el auto insulto proferido viene a convertirse en un reconocimiento de las pequeñas imperfecciones que nos hacen inolvidables. Siempre es mejor una barbaridad verbal dicha con cariño y autorización a las ajenas expresadas con dolo.

Hablar solas es parte de nuestra naturaleza, un suspiro que reacondiciona la capacidad para seguir adelante, un exceso de confianza con nosotras mismas porque somos las únicas a nuestro derredor capaces de cumplirnos cabalmente o traicionarnos con permiso.



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22 Agosto 2018 04:00:00
Voy por ellos
Mucho sé cuán fuerte es el sexo masculino y bien poco necesita de mi ayuda. Sin embargo, ellos han tenido la delicadeza de guardarse en el fondo de su pecho, conmiserándose de nosotros, esta verdad contundente: ellos pondrán menos atención al nuevo olor a pino lustrado en el piso y más en el llamativo color de una ropa tentadora, puesta, ahora sí, en exclusiva para él.

Vamos a no discutir lo anterior. Si son ustedes capaces de solicitar a sus cónyuges detalles románticos- verbigracia, flores, invitaciones, cariñitos-, él puede decirles que, para ustedes, mantiene el auto en buen estado, baña al perro y va a casa de la suegra los domingos. ¿Verdad que no es suficiente? Tampoco lo es para ellos.

Les explicaré la causa de mi encono derivada en defensa de oficio hacia los hombres. Hoy en la mañana escuché a una oronda mujer afirmar que es abogada, sicóloga, esposa, pero, sobre todo, madre; lo peor de todo es que se dedica a “asesorar” familias para ayudarlos a alcanzar su bienestar. No entiendo muy bien cómo anda en los caminos de la armonía cuando pone en un “hit parade” a quienes viven en su casa, restándole importancia a unos y vaciándola de lleno en otros; es esta una actitud muy común, sobre todo, entre las madres abnegadas, quienes se olvidan que sus maridos siguen vivos aún después de ser papás.

Para eso, amigas mías, somos mujeres: ubicuas en el amor, versátiles en la pasión, hermeneutas de la vida, esposas-madres-hijas-hermanas en una sola palabra, porque debemos ejercer todas las profesiones de forma simultánea. No, ni se quejen, porque cada una de ellas fue elegida por ustedes; ahora sí, vayan a ser madres, por igual, de todo aquello a lo que han dado vida.


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