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Arnulfo Favila Izaguirre
Arnulfo Favila Izaguirre
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05 Marzo 2019 04:09:00
PRI Ingresa por urgencias…
T elefonean alarmados al doctor José Narro Robles: su paciente “Don Plutarco” viene llegando, con algo más grave que un simple infarto... El personal del nosocomio corría de un lado para el otro, no lo podían creer –¡era aquello un manicomio!–.

E l galeno coahuilense estaba en la universidad, así que pidió permiso para atender tal emergencia –se trataba de su amigo, en medio de la adversidad–… esta vez, el altanero don Plutarco parecía pedir clemencia –no es ficción, es realidad–.

R evisen signos vitales y canalicen de inmediato, fue la instrucción del doctor al equipo del hospital; pero, doctor Narro –le respondía la enfermera–, ¡El Viejo no la va a librar!... La sombría sala de urgencias era el escenario de lo que parecía fatal.

A toda prisa, y desde la Universidad hasta el Ejecutivo nacional –transformado en hospital–, se trasladó preocupado el doctor José Ramón Narro, mientras su paciente predilecto empezaba a ser diagnosticado.

P arado frente a los monitores, un joven interno no sabía por dónde empezar; en su mente sólo rondaba un pensamiento: ¡quién se lo iba a imaginar!... un “Don Plutarco” indefenso, y de “sus hijos”, ni qué hablar.

I ngratos todos ellos, le estaban dejando morir; no se presentaba ninguno –¡vaya que tuvo más de mil!–… después de haberlo acabado lo dejan a sus 90 en esa sala olvidado.

A sí pensaba el interno de Pregrado, cuando arriba a la clínica el doctor nacido en Coahuila; llegó directo a su chamba, se le veía preocupado; se reservó el pronóstico... por eso no dejes mañana de consultar este acróstico.

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